El último caso de Philip Trent | E.C. Bentley

Traducción: Guillermo López Gallego | Editorial: Siruela


SINOPSIS

De poco le servirá su poder al temido magnate estadounidense Sigsbee Manderson cuando el jardinero de su finca en la campiña inglesa lo encuentre muerto de un disparo... El pintor y detective aficionado Philip Trent, que sigue con entusiasmo el caso a través de los periódicos, descubre con su atenta lectura algunos detalles del crimen que parecen habérsele pasado por alto a las autoridades: ¿por qué no llevaba la víctima su dentadura postiza? ¿Y cómo es que su joven y bella viuda parece tan aliviada por la tragedia? A pesar de lo descabellado de algunos de sus razonamientos y de un inesperado interés romántico, la apasionada entrega de Trent al arte de la deducción conseguirá desvelar lo que nadie esperaba que alguien como él fuese capaz de encontrar: la verdad.

La obra maestra de Bentley, fruto del hartazgo que causaba en él la infalibilidad de Sherlock Holmes, marcó el comienzo de la modernidad en el género con un memorable protagonista cuyo encanto reside, precisamente, en su capacidad para reírse de sus propios errores, mientras avanza con jovialidad por una de las más ingeniosas tramas que el lector pueda recordar.


OPINIÓN PERSONAL

Sigsbee Manderson, más conocido como El Coloso en el mundo de las finanzas, era un magnate estadounidense contundente, frío e infalible. Su nombre hacía temblar Wall Street y era el pilar de los negocios sensatos y la estabilidad de los mercados. Tenía una trayectoria profesional tan amplia que el libro dedica un capítulo entero a resumir su biografía. Desde hacía un mes, Manderson estaba de un humor extraño, convencido de que alguien deseaba matarlo. Nadie le hizo demasiado caso. Hasta que finalmente, su jardinero lo encuentra muerto de un disparo en la cabeza.

Como era de esperar, su muerte tiene una repercusión mediática inmensa, especialmente en la red de comercio e industria que supervisaba. Pero lo cierto es que nadie parece realmente afectado por su muerte, ya que Manderson era un hombre odiado por muchos debido a su falta de empatía. Calvin Bunner, la mano derecha de Manderson, contacta con el periódido más poderoso e indispensable para informar sobre lo sucedido. Según parece, Manderson había estado recibiendo cartas amenazantes hasta la fecha. Razón más que suficiente para que el periodista James Molloy ponga sobre aviso al hombre que está en boca de todos: el pintor y detective aficionado Philip Trent.

Trent se había hecho famoso después de resolver un par de casos sin otra guía que la información que aparecía en los periódicos. Y ahora, el detective aparece en el escenario del crimen como representante del periódico para realizar una investigación independiente de las circunstancias de la muerte del difunto Manderson. La lista de sospechosos es interminable.

Obviamente, Trent no será la única persona que investigue el caso. Da manera oficial, el inspector Murch se encuentra al frente de la investigación policial. Curiosamente, Murch y Trent son viejos amigos que tienen cierta rivalidad en el ámbito profesional. De hecho, no es la primera vez que estos dos hombres trabajan a contrarreloj para descubrir la verdad antes que su oponente. No obstante, la figura de Murch como "antagonista" apenas tiene relevancia y su nombre enseguida desaparece.

De entrada, parece una novela densa porque abundan los personajes, pero resulta muy fácil memorizar quién es quién, sobre todo porque la mayoría apenas aparecen un par de veces. La trama se centra en un par de protagonistas nada más y todos los interrogatorios ofrecen las mismas respuestas. De hecho, los personajes relatan, una y otra vez, la misma versión de los hechos. En ese sentido, me ha parecido una novela con muy poco contenido.

Y también me ha parecido un relato muy enervante. Trent conoce la identidad del asesino desde un principio y se limita a confirmar su teoría con hechos que nosotros somos incapaces de ver. Básicamente, porque siempre reflexiona en silencio y se guarda las conclusiones para sí hasta mitad de novela. Hay que ser vidente para deducir la verdad con los poquísimos datos que disponemos, ya que el autor ni siquiera describe lo que está viendo su protagonista, un detalle que me pone de los nervios.

La novela está escrita en tercera persona, excepto por una extensa carta escrita por Trent. De modo que la historia podría dividirse perfectamente en tres partes muy diferenciadas. La primera nos presenta el caso y a los sospechosos con muy poco detalle, lo justo para que conozcamos de pasada los hechos. La segunda parte sería precisamente esa carta escrita en primera persona en la que Trent resume ampliamente todas las pruebas que le han permitido resolver el caso. Finalmente, los últimos capítulos de la novela revisan el informe del detective, para confirmar (o desmentir) su versión de los hechos.

Podría haber contado lo mismo en una novela mucho menos extensa, porque la carta de Trent es una mera repetición de todo lo anterior. Como la trama no daba para más, el autor se saca de la manga una razón de última hora para que el detective interrumpa su investigación. Al margen de que su actitud no resulta nada creíble, ¡es que se olvidan del inspector Murch por completo! Por último, el caso atraviesa un giro imprevisto detrás de otro (que se veía venir).

En cuanto a la prosa, me ha parecido una lectura tediosa. Sobre todo, porque reflexiona sobre temas aburridos que nada o poco tienen que ver con la trama principal. El autor se ha esmerado tanto en construir un contexto social lo más amplio posible, que no ha prestado ninguna atención a las relaciones sociales más inmediatas.  

En conclusión. Una trama correcta e interesante, pero aburrida y monótona. Para colmo, la mayoría de los personajes no tienen ni voz ni voto, así que no dejan huella. Y el protagonista lo que no tiene es carisma. Se deja leer, pero eso es todo.