Traducción: Javier Guerrero Gimeno | Editorial: Nova
OPINIÓN PERSONAL
Por primera vez, no he compartido la sinopsis de la editorial porque deja entrever uno de los mayores descubrimientos de la historia y recomiendo que nada reste emoción a esa escena.
Cuando despierta, Ryland Grace no recuerda su nombre ni por qué se encuentra en una nave espacial a millones de kilómetros de la Tierra. Es el único superviviente de una misión que ha olvidado y la humanidad está a punto de ser extinguida por un organismo unicelular.
La novela alterna entre presente y pasado: algunas palabras clave le ayudan a recordar. La parte científica puede hacerse aburrida, de hecho se pregunta «¿Quién habría pensado que salvar el mundo podía ser tan aburrido?», pero utiliza términos asequibles para quienes no tenemos conocimientos mínimos en la materia. Te habla de neutrinos y piensas «ah, claro».
Durante los primeros capítulos, me parecía una historia del montón, la clásica exploración espacial y supervivencia en el interior de una nave. Eso sí, con una trama elaborada a nivel científico, interesante y con humor. Las recomendaciones eran tan positivas e insistentes que no dejaba de preguntarme qué giro inesperado podía ser tan bueno.
Y entonces sucede, el momento que hace especial al libro. He pasado del entretenimiento a emocionarme cada vez que un peligro amenazaba el final. Es una lectura para encariñarte y sufrir, con algunos comentarios de crítica social.
Yo también lo recomiendo.
«¿Cuál era el sentido de tener un mundo si no podías pasarlo a la siguiente generación?»
«No se me ocurría cómo explicar “dormir” a alguien que nunca hubiera oído hablar de ello: “Hola, voy a quedar inconsciente y alucinar un rato. Por cierto, paso una tercera parte de mi tiempo haciendo esto. Y si no puedo hacerlo durante mucho tiempo, me vuelvo loco y finalmente muero. No hay por qué preocuparse”».
Otros libros de Andy Weir


























