Traducción: Marta Salís | Ilustraciones: Edmund Dulac | Editorial: Alba
SINOPSIS
Un viejo marinero con la cicatriz de un sablazo en la cara se instala en una posada en la costa inglesa, no muy lejos de Bristol. Lleva un cofre que no abre nunca, se emborracha con ron y aterroriza a la clientela con sus historias y canciones. Además, le paga a Jim, el hijo de los posaderos, para que esté ojo avizor y le avise si se presenta «un marinero con una sola pierna». Lo cierto es que en el cofre secreto se esconde el mapa de una isla con un magnífico tesoro enterrado por un antiguo pirata, y Jim se encuentra, de la noche a la mañana, enrolado como grumete en una expedición (dirigida por un rico terrateniente) para ir a buscarlo. A partir de ese momento, tiene que adquirir «la costumbre de vivir aventuras trágicas» y familiarizarse con más cicatrices y mutilaciones, la muerte, la codicia y la traición. Pero todo tiene su doble cara: el miedo superado por la curiosidad puede dar pie a actos de coraje gratuitos, el aplomo puede convertirse en frialdad, la temeridad puede conducir a la jactancia. Jim, solo un muchacho, salva constantemente la vida a los adultos, pero no siempre alcanza a distinguir la diferencia entre ser valiente y estar envalentonado, entre la ensoñación y la pesadilla.
La isla del tesoro (1883) es una de las novelas más conocidas –prácticamente inmortales– de Robert Louis Stevenson, y en ella despliega toda su maestría narrativa para contar una peripecia extraordinaria, plagada de violencia y peligro, y llena de personajes ambivalentes, como el célebre pirata John Silver el Largo, amable y ruin, elocuente y astuto, uno de los grandes manipuladores de la historia de la literatura.
OPINIÓN PERSONAL
Todo comienza cuando un viejo lobo de mar se hospeda en la posada del Almirante Benbow, regentada por el padre de Jim Hawkins. El huésped esconde un misterioso baúl, evita a la gente de su oficio y le paga al muchacho para que le avise si ve a un marinero de una sola pierna. Poco tiempo después, Jim Hawkins acaba a bordo de la goleta Hispaniola, en busca de la isla del Tesoro.
Los primeros capítulos detallan la convivencia con el huésped, la aparición de los bucaneros y la formación de la tripulación que acompañará a Hawkins, entre otros: el doctor David Livesey, el capitán Alexander Smollett, el caballero John Trelawney y John Silver el Largo, un cocinero al que le falta una pierna. Buenos o malos, son personajes con identidad que se quedan en la memoria.
Es una novela clásica de piratas: aventuras en el mar y en tierra, protagonistas de corazón puro y giros predecibles, que no hacen su lectura menos satisfactoria. El ritmo narrativo se toma las cosas con calma y cuenta los pormenores de la travesía y su llegada a la isla, así como las trifulcas que tienen lugar entre la tripulación. El narrador es el propio Jim, alternando en una ocasión con el doctor Livesey.
De adolescente, abandoné su lectura. Años más tarde, lo encuentro más entretenido en las primeras páginas, con momentos que se hacen largos hacia el final.
Otros libros de Robert Louis Stevenson








