Ilustración de cubierta: David G. Vaquero
SINOPSIS
Una herencia maldita fluye por sus venas.
Una carga de la que ninguna puede escapar.
Leira tiene problemas, problemas de los que quiere alejarse tanto como pueda.
Para darse un respiro, Leira decide pasar una temporada en el pueblo de su madre, un lugar que no había pisado en años.
Sin embargo, las cosas allí no son tan idílicas como pensaba. La gente del pueblo considera que las mujeres de su familia son brujas, y estas se han visto obligadas a vivir en el bosque.
Su abuela Galia no ve su llegada con buenos ojos, pues había roto todo contacto con su hija y su nieta. Para colmo, el hueco de la casa que Leira pretendía ocupar pertenece ahora a Jara, una misteriosa chica cuya existencia Leira desconocía.
Por si esto fuera poco, la gente del pueblo habla de la madre de Leira como si fuera una criminal fugada, y actúan como si Leira pudiera acabar manchándose las manos de sangre también.
Leira tratará de desentrañar los secretos de su familia, pues quizás sólo así pueda encontrar la solución a sus propios problemas.
OPINIÓN PERSONAL
Leira no ha visitado a su abuela desde que tenía cinco años, pero su madre quiere que pase un tiempo con ella, lejos de la ciudad. La casa de la vieja Galia se encuentra en las afueras de un pueblucho y los vecinos parecen temer a las mujeres que viven en el bosque, aunque recurren a ellas en busca de remedios. Se dice que las mujeres de su familia son brujas.
La ambientación de esta novela supone un retroceso de algunas décadas en los derechos de la mujer. Leira estudia en la universidad, pero «se esperaba que se casase y fuese su marido el que se encargara de traer sustento a la casa». La diferencia exagerada entre los «paletos» del pueblo y la vida moderna en la ciudad es igual de clasista.
Medio libro describe la rutina de las mujeres en el campo y las tareas que desempeñan, con detenimiento en su relación de "amistad" con una pariente lejana de su edad, y alguna visita desagradable a los vecinos. Es un arranque monótono y poco novedoso. Su planteamiento de la magia recuerda a novelas de corte juvenil y contrasta con la trama principal, más adulta.
Como protagonista, la inocencia incansable de Leira me resulta cargante. Es una cabezota de diecinueve años dispuesta a reconciliar a su madre con la abuela y a la familia con todo un pueblo. El problema es que los secretos tardan resolverse porque nadie quiere hablar de lo que sucedió antes de que ella naciera, así que incide una y otra vez en las mismas preguntas sin respuesta, valiéndose de su poder para investigar el pasado.
Me esperaba una novela mucho más oscura, pero son generaciones de mujeres que durante siglos se han enamorado de hombres malos porque casarse y tener hijos es lo que se espera de ellas. La herencia de Anaís, cuando el prólogo por fin cobra sentido, es el único sobresalto inesperado. Pero el desenlace tiene altibajos y me disgustan ciertos comentarios.
Destaco la calidad de su prosa y los momentos de complicidad entre las mujeres.
«La gente es cruel en todas partes».
«No estamos tan indefensas como crees, porque nunca estamos solas».







