Un bollito feliz | Sarah's Scribbles 2 | Sarah Andersen

Traducción: Alena Pons | Editorial: Bridge


SINOPSIS

La segunda colección de cómics de Sarah Andersen empieza donde acabó la primera: bajo una manta evitando las responsabilidades del mundo real. Ilustraciones y textos inéditos donde encontrarás los altibajos de esta montaña rusa de la autoestima que es la vida. Hay parada en las principales estaciones: problemas de pasta, dolores varios, el arte de robar jerséis, y el goce de quedarse en casa comiendo pizza. ¿Te apuntas?


OPINIÓN PERSONAL

Este libro no es autobiográfico. Qué va, para nada. La personalidad de esta mujer no deja de arrancarme carcajadas a lágrima viva gracias a una protagonista que se comporta con total naturalidad, aunque todos los ojos estén puestos sobre ella. Sarah es divertida, ingeniosa, espontánea, (quizá un poco sociópata). Pero ante todo y sobre todo, ¡adorable! Y divertida. Lo mejor de todo es que me siento tan identificada con su forma de pensar que cuando me río, sé que me estoy riendo ¡de mí misma! Lo que me ayuda a tener sentido del humor ante las adversidades de la vida. Y lo que es más importante: hace que me sienta menos sola en el universo.

En apenas cuatro trazos minimalistas encierra un mundo inmenso de diversión, locura y decadencia. Las expresiones faciales de los personajes son tan exageradas, que me resulta casi imposible aguantarme las ganas de reír, antes incluso de leer los diálogos.


Max y Moritz: una historieta en siete travesuras | Wilhelm Busch

Traducción: Víctor Canicio Chimeno | Editorial: Impedimenta


SINOPSIS

«Max y Moritz» está considerado uno de los cuentos más famosos y divertidos del mundo. Trufado de humor negro, y escrito en rimas en 1865, narra las siete fatídicas travesuras de los malvados Max y Moritz, antecedentes de todas y cada una de las parejas maléficas del cómic moderno, y precursores de la historieta literaria más gamberra. De la maldad del dañino dúo no se libra nadie. Viudas, maestros, gallos y gallinas, sastres, pasteleros y tíos carnales. Todos ellos caerán irremisiblemente bajo el tremebundo azote de sus crueles tropelías. «Max y Moritz», uno de los cuentos más famosos, divertidos y gamberros del mundo, con las magníficas ilustraciones de Wilhelm Busch y la brillante traducción (¡en verso!) de Víctor Canicio.


OPINIÓN PERSONAL

Los protagonistas de este libro infantil son una especie de Zipi y Zape pero en plan bestia. Max y Moritz son dos niños muy muy traviesos, las travesuras de esta pareja están hechas de pura maldad. En resumen, son los típicos personajes que te hacen gracia, pero solo porque no los tienes que aguantar en tu vecindario.

Con toda seguridad, la pluma de este autor era magnífica, pero me siento obligada a valorar -sobre todo- el trabajo de traducción de Víctor Canicio. Básicamente, porque ha tenido que reconstruir todo el libro para que los versos rimen sin olvidarse de respetar la esencia misma de la historia. Y eso tiene mérito.

Por cierto, puede que el vocabulario sea un poco complicado para niños muy pequeños. Desconozco la edad recomendada, pero nos encontramos ante un clásico de la literatura infantil alemana. Las travesuras de Max y Moritz son un pelín macabras en un par de ocasiones y entiendo que muchos padres no consideren el contenido apropiado para todos los públicos. A lo mejor, el final es demasiado bestia, pero reconozco que me he reído por la sorpresa. De todas formas, es un cuento con moraleja: ¡Quien mal anda, mal acaba!

En cuanto a las ilustraciones, podría decirse que forman parte del relato. Y la mayoría de los dibujos son muy simpáticos, con la clásica apariencia de los cómics más antiguos, lo que convierte a este libro infantil en una golosina para el más exigente de los coleccionistas.


La pequeña forastera 1 | Nagabe

Traducción: Yasuko Tojo | Editorial: ECC


SINOPSIS

Hace mucho, mucho tiempo, en un lugar muy lejano había dos paí­ses. El país exterior en el que habitan uno seres anómalos que si te tocan te contagian una maldición, y un país in­terior en el que habitan los humanos. Lo normal habría sido que nunca se hubieran conocido, pero su encuentro desencadenará a escondidas, una pe­queña historia. Esto es la mañana y la noche. Y entre el profundo abismo que los se­para, una fábula de dos…


OPINIÓN PERSONAL

No recuerdo cuándo un manga me había inspirado tanta ternura. La pequeña es un amor de niña y el dibujo no puede ser más adorable. El argumento también parece interesante y me intriga mucho el tema de la maldición, pero la historia avanza demasiado despacio. Muchas veces, no entiendo nada. Creo que sigo leyendo porque me enamora la relación entre los protagonistas. Muy dulce.


Reseña, El imperio de los cadáveres | Project Itoh, Toh EnJoe, Tomoyuki Hino

Traducción: Olinda Cordukes Salleras | Editorial: ECC


SINOPSIS

A finales del siglo XIX, se desarrolló una tecnología para reanimar cadáveres. El estudiante de medicina John Watson se convierte en agente secreto del Imperio británico y sale a recorrer el mundo. Va tras el lenguaje y el alma, con sus 21 gramos de peso. La última e inacabada gran obra de Project Itoh, terminada por Toh EnJoe y adaptada espléndidamente al manga.


OPINIÓN PERSONAL

«Manejar como si fuera un títere a un hombre que ha fallecido ¿no es una blasfemia contra la vida?»

La historia transcurre a finales del siglo XIX, ochenta años después de la muerte de Victor Frankenstein. Después de casi un siglo de investigación, la humanidad ha desarrollado una tecnología que permite la recreación de la vida a partir de la muerte: la necrotecnología reanima y controla a los cadáveres mediante la instalación de un necroware que "robotiza" sus cuerpos sin alma.

Con el paso de los años, los modelos antiguos han sido actualizados con implantes más modernos, lo que ha provocado una nueva revolución industrial. Los cadáveres reanimados carecen de voluntad, así que son utilizados como mano de obra barata, para trabajar e ir a la guerra. Esto supone un aumento de paro que podría desestabilizar la situación económica a nivel mundial.

John Watson es un ingeniero de cadáveres, el segundo de su promoción en la facultad de medicina de Londres. Después de una reanimación ilegal de un cadáver, se ha convertido en agente secreto del Imperio británico para librarse de la cárcel. El imperio le ha ordenado buscar el memorándum de Victor Frankenstein, que se creía tan perdido como muerto el monstruo.

Londres, Afganistán y Japón, entre otros, serán el escenario de su investigación. Durante su viaje, conoceremos la postura política de cada país. Por ejemplo, Japón se ha cerrado al mundo durante 200 años porque no ve con buenos ojos la necrotecnología. Mientras que las grandes potencias se pelean por la posesión del manuscrito.

Por su parte, Watson va tras el lenguaje y el alma, con sus 21 gramos de peso. Quiere demostrar que, una vez muertos, el alma permanece en el cuerpo. Pero lo hace por amor a la ciencia... y porque está buscando el alma de Friday, el cadáver que reanimó de manera ilegal. A Watson le obsesiona el codiciado memorándum porque el monstruo de Frankenstein es el único que logró albergar un alma y pensar por sí mismo.

Llegados a este punto, confieso que me ha costado un esfuerzo sobrehumano digerir el hilo de la ciencia ficción, porque la esencia que nos hace humanos resulta demasiado enrevesada para mi gusto. The One se tambalea todo el rato entre la ciencia ficción y la fantasía, y yo no acabo de entender muchos de los conceptos que se utilizan para resolver la historia.

Durante los primeros tomos, la trama se centra más en la acción, ya que Watson recorre el mundo entero en compañía del capitán Frederick Burnaby, un guerrero profesional e impulsivo, que disfruta enfrentándose a las hordas de cadáveres que los persiguen (ya os dije que utilizaban a los cadáveres reanimados para ir la guerra). Que, por cierto, me ha encantado la camaradería que se forja a fuego lento entre Watson y Burnaby. Además, el capitán Frederick le concede un punto cómico a un relato tan serio.

Por supuesto, los agentes del Imperio británico no son los únicos que codician el manuscrito de Frankenstein. Hadaly, una agente de la compañía militar privada Pinkerton, los sigue muy de cerca. Sin embargo, el drama de esta mujer no me ha conmovido tanto. Quizá porque su historia personal era demasiado predecible.

Como digo, la trama se centra más en la acción, pero también se aprecia cierta crítica social en las reflexiones más filosóficas de Watson. La mayoría de los personajes secundarios representan la locura y la ambición de la naturaleza humana.

En definitiva, la búsqueda del alma humana y la defensa de los cadáveres reanimados es la parte más emotiva del manga. Sobre todo porque la relación que mantiene Watson con su ayudante cadáver me ha enamorado desde la primera página y me ha sorprendido hasta la última. Además, el discurso final sobre la construcción de nuestra alma me ha parecido precioso.

Solo me queda aplaudir que los nombres de los personajes rindan una especie de homenaje a los protagonistas más clásicos de la literatura. Y deciros que El imperio de los cadáveres es la última e inacabada gran obra de Project Itoh, terminada por Toh EnJoe y adaptada espléndidamente al manga.

En conclusión. Una historia interesante, original y arriesgada que muestra la peor cara de la naturaleza humana y nos invita a reflexionar sobre las consecuencias sociales que podrían llegar a tener los avances científicos más ambiciosos. La entrega absoluta de Watson en la búsqueda del alma perdida de Friday ha roto todos mis esquemas.


«No temo a la muerte. Lo que más miedo me da es olvidarte. Porque los recuerdos que tengo contigo son los que forman mi alma, los que hacen que yo sea yo».

 

Escuela de Frikis | Gitty Daneshvari

Traducción: Laura Manero | Editorial: Montena


SINOPSIS

A Theo, Madeleine, Lulu y Garrison les une solo una cosa: cada uno de ellos sufre de alguna fobia.

Los cuatro acaban en la misteriosa ESCUELA DE FRIKIS, un lugar inaccesible y aislado regentado por la excéntrica Mrs. Wellington y su mayordomo ciego: maquilladísima, con peluca y rodeaba de gatos y de un perro que parecen los dueños y señores de la escuela. El panorama para los cuatro no puede ser más desolador.


OPINIÓN PERSONAL

«Si se usa correctamente, la imaginación puede ofrecer preparación para muchísimas de las dificultades de la vida».

La escuela de Mrs. Wellington es una institución sumamente selecta, dirigida por la escurridiza señora a quien debe su nombre, que tiene como objetivo erradicar los miedos de los niños mediante métodos poco ortodoxos. Mrs. Wellington prefiere pensar en sus métodos como «sumamente poco convencionales, y no “terminantemente prohibidos”». En definitiva, tampoco hay que ser un lince para deducir que esta “vieja chiflada con peluca” (así la llaman sus alumnos) es fiel defensora de las terapias de choque.

Sea como fuere, la “reina de la belleza” Mrs. Wellington me ha parecido un personaje insufrible, absurdo y ofensivo. Rara vez llama a sus alumnos por sus nombres y con frecuencia utiliza apodos como Gordinflón o Musculitos para referirse a ellos. Cualquier ocasión es buena para humillar verbalmente a los demás. No deja títere con cabeza. A continuación, cito textualmente una frase de la profesora: «Está casi ciego, así que, si le hacéis muecas maliciosas, dudo que se entere». Bravo.

Los protagonistas me han parecido un despropósito de principio a fin. Madeleine tiene miedo a las arañas en particular y a los insectos en general. Theo tiene miedo a morir o a caer gravemente enfermo. Lulu sufre de claustrofobia. Y Garrison tiene pánico al agua. Hasta aquí, todo normal. Pero es que la novela los ridiculiza sin ninguna compasión, a ellos y a sus familias. Sin ir más lejos, Theo es un niño gordito al que sus compañeros (y profesora) llaman Gordinflón o Lorzas, dependiendo del día. Qué cansancio me da que, a día de hoy, tantísimos autores sigan mofándose de la obesidad en novelas infantiles.

En definitiva, ¿de verdad queremos que nuestros hijos de 9 años lean ESTO y se piensen que ESTO es lo normal? Por cierto, traducir el título original (School of Fear) como Escuela de Frikis me parece despectivo y poco acertado.

Tampoco me ha parecido una prosa nada apropiada para la edad recomendada (9 años). Muchísimas frases tienen una estructura ligeramente enrevesada, el vocabulario peca en más de una ocasión de pedante y, para colmo de males, el ritmo narrativo resulta demasiado lento. Incluso los diálogos son aburridos de leer. Le he dedicado una lectura rápida a los últimos capítulos porque era eso o cerrar el libro.

Aparte de ofensivo, me ha parecido un libro aburridísimo. La mayoría de los sucesos que tienen lugar, así como las conversaciones, son irrisorios. Hay muchísimo relleno y pocas horas de escuela. Pero lo "mejor" de todo es que la historia continuará porque se trata de una serie. Cuando el argumento no daba para más. La pincelada de misterio que se insinúa a lo largo de toda la novela no me ha dejado nada intrigada y el final resulta demasiado predecible, así que adiós al factor sorpresa.


Reseña, Monje y robot | Becky Chambers

Traducción: Carla Bataller Estruch | Arte de cubierta: Sofía Sanz | Editorial: Crononauta

Cubierta de Monje y robot


SINOPSIS

Le hermane Dex nunca ha escuchado el canto de los grillos.

Aunque lleva una vida plena y tranquila en su monasterio, esa ausencia comienza a asfixiarle y su obsesión termina destapando un deseo mucho más profundo: convertirse en monje del té itinerante, dejar atrás la urbe y las tierras que heredó la humanidad tras el fin de la Edad de las Fábricas y adentrarse en la naturaleza salvaje. Es allí donde, según las crónicas, habitan los robots que tomaron conciencia y se liberaron del yugo humano.

Pero Dex no tarda en descubrir que los robots siguen ahí, cuando uno sale a su encuentro con una misión que cumplir, buscando la respuesta a una simple pregunta: «¿Qué necesitan los seres humanos?».

En este ómnibus que recoge las novelas «Salmo por quienes se construyeron en la naturaleza» y «Plegaria por la timidez de los árboles», Becky Chambers plantea una utopía futurista donde la gente ha vencido al colapso ecológico y construido una sociedad limpia y autosuficiente. En ese contexto, ¿qué más podrían necesitar?


OPINIÓN PERSONAL

Nadie sabe los motivos, hace dos siglos los robots adquirieron consciencia y abandonaron las fábricas. No ha habido contacto humano con ellos desde que declinaron unirse a nuestra sociedad como parte de la ciudadanía libre y se fueron a la naturaleza virgen. 

Dos siglos después, le hermane Dex deja la Ciudad y viaja de pueblo en pueblo sirviendo té. Su nueva vocación como monje del té consiste en escuchar los problemas de sus clientes y ofrecerles té cuando acuden a elle para descansar de vidas en apariencia perfectas.

Los primeros años nos permiten conocer los pueblos de una sociedad utópica que respeta la naturaleza hasta el punto de no hacer senderos. En la época de las fábricas, la humanidad estuvo al borde de la extinción y aprendió. En la actualidad, utilizan tecnología sostenible, el dinero ha desaparecido y no existen personas malas. Pero si todo parece tan idílico ¿por qué le hermane Dex no encuentra su lugar en el mundo?

Y por fin tiene lugar el primer contacto entre humanes y robots en dos siglos. En uno de sus viajes, Dex conoce a Onfalina, un robot con la inocencia de un niño y una filosofía de vida adorable. No es una novela de aventuras ni existe un conflicto aparte global del malestar psicológico, porque habitan un sistema sostenible e inclusivo. Es una historia que reflexiona sobre el sentido de la vida, un ejercicio de introspección si también estás atravesando una crisis existencial y te haces las mismas preguntas.

Lo que menos me ha convencido es la permanencia de los dioses en una sociedad avanzada, aunque le concede un aspecto místico a sus costumbres que puede resultar atrayente. Eso y la insistencia de le hermane a la hora de fijarse en lo guapos que son los hombres, es de las pocas descripciones físicas que hace.

El final me parece inconcluso, pero bonito. Una lectura agradable de manta y tecito.


«Los seres humanos poseían el don de desequilibrar las cosas».


Otros libros de Becky Chambers

El largo viaje a un pequeño planeta iracundo

Reseña, El baile de las locas | Victoria Mas

Traducción: José Antonio Soriano Marco | Ilustración de cubierta: Piotr Krajewski | Editorial: Salamandra

Cubierta de El baile de las locas


SINOPSIS

Estamos en París en marzo de 1885. Como cada año para la Media Cuaresma, se celebra el popular «baile de las locas» en el hospital de la Salpêtrière, dirigido por el eminente neurólogo profesor Charcot. Durante una noche, la flor y nata de París disfruta al ritmo de valses y polcas en compañía de las internas, disfrazadas con extravagantes atuendos. Entre las pacientes destacan Louise, una joven epiléptica maltratada por su tío que tiene puestas todas sus ilusiones en un futuro matrimonio con un interno del centro, y la rebelde y visionaria Eugénie, una muchacha de buena familia encerrada sin contemplaciones por su propio padre. Bajo la atenta vigilancia de la implacable supervisora Geneviève, ambas intentarán cumplir sus sueños y harán todo lo posible por escapar.


OPINIÓN PERSONAL

«Lo que predomina allí no son las histéricas bailando descalzas en los pasillos fríos, sino una lucha silenciosa y diaria en pos de la normalidad».

El baile de las locas es una historia de historias, protagonizada por mujeres que han sido rechazadas por la sociedad parisina de 1885. Las historias personales y familiares de las «locas» retratan una época que no estamos lejos de vivir otra vez. Maridos dominantes que se sienten amenazados por las mujeres libres, familias acomodadas que convierten a las «histéricas» en un espectáculo. En definitiva, una sociedad patriarcal que interna en hospitales psiquiátricos a las mujeres «que ponen en peligro el orden social».

La novela introduce elementos de fantasía que, a mi parecer, deslucen el realismo de la crítica. Eugénie ve difuntos desde los doce años y la gente cree que son alucinaciones. Su don es lo único que le permite conectar con las emociones de la supervisora, al tiempo que las internas establecen vínculos y cuidados entre ellas.

El final era predecible porque está bien hilado, pero me sabe a poco, aún siendo correcto.


«A juzgar por las barreras que les ponían, más que despreciarlas parecía que los hombres las temieran».

«No hay que tener certezas. Hay que poder dudar; de todo, de las cosas y de una misma».