Reseña, El largo viaje a un pequeño planeta iracundo | La Peregrina 1 | Becky Chambers

Traducción: Alexander Páez | Editorial: Insólita

Cubierta de El largo viaje a un pequeño planeta iracundo


SINOPSIS

Rosemary Harper no tiene muy claro qué esperar de la tripulación de la nave La Peregrina. Aunque esta destartalada nave ha pasado por mejores épocas, pone un techo sobre su cabeza, la oportunidad de explorar los confines de la galaxia y, lo mejor de todo, la puede alejar de su pasado.

Esta introspectiva y reservada joven no ha conocido jamás a nadie como sus diversos compañeros de viaje, como Sissix, la exótica piloto reptiliana; los locuaces ingenieros Hizzy y Jenkis, encargados de que la nave no se caiga a pedazos; y Ashby el noble capitán de todos ellos.

La vida a bordo de La Peregrina es caótica y loca, exactamente lo que Rosemary busca. Pero también está a punto de volverse extremadamente peligrosa cuando se les ofrece el trabajo más lucrativo de su vida perforando agujeros de gusano por la galaxia para conectar planetas lejanos. En el espacio profundo, la pequeña Peregrina tendrá que enfrentarse a una miríada de problemas y aventuras en las que la tripulación aprenderá a confiar los unos en los otros.

Si Rosemary quiere sobrevivir, tendrá que aprender a confiar en esta amalgama de extraños compañeros, una experiencia que le enseñará que a lo mejor tener una familia no es lo peor que te puede pasar en el universo.


OPINIÓN PERSONAL

La Confederación Galáctica ha accedido a negociar una alianza con una raza bélica que ocupa el Centro Galáctico, más conocido como el Núcleo, la mayor fuente de materiales combustibles sin procesar de la Galaxia Hogar. «Era curioso cómo la posibilidad de obtener ganancias siempre sobrepasaba la antipatía.» 

Ajenos a las decisiones políticas, la tripulación multiespecie de una nave tuneladora va de camino a una perforación a ciegas, a estándares de distancia. La Peregrina se dedica a construir agujeros de gusano, los pasadizos interespaciales que recorren la Confederación Galáctica. Y cuenta con un nuevo miembro en sus filas: la asistente Rosemary Harper, una mujer de 23 años que nunca había salido de Marte.

El arranque de la novela, y el ritmo narrativo en general, es lento y un poco denso, aunque su sentido del humor lo hace más ameno. Es una obra con mucho peso que disecciona ampliamente todos los temas que menciona, aquí nada está de paso ni es relleno. Emplea muchísimos términos científicos para describir la actividad técnica dentro de la nave, pero explica la física con gachas y la ciencia es asequible aunque, como Rosemary, no tengas ni idea.

Si bien la trama principal es el largo viaje a un planeta iracundo, mezcla la novela de aventuras con una historia mucho más pausada e intimista. La tripulación es el verdadero argumento, una pequeña familia formada por personajes de distintas especies que conviven en un espacio cerrado, bromean, discuten, se enamoran... Todos tienen un pasado que iremos descubriendo mediante giros inesperados.

Pero de lejos, el motivo por el que recomiendo esta lectura es el retrato social. Todo el libro “ensaya” una reflexión sobre: la vida, la evolución, el pensamiento único y la naturaleza violenta de las razas bélicas. Toca temas morales que no esperaba y lo hace con una historia sólida que nos coloca en su lugar. Con una prosa elaborada, un esquema narrativo bien construido y un lenguaje desenfadado, supone un canto a la diversidad.


«Las personas pueden cometer actos terribles cuando se sienten a salvo y poderosas».

«Las personas que recordamos son las que decidieron cómo debían trazarse nuestros mapas. Nadie recuerda a quienes construyeron los caminos. Solo somos tuneladores. Es todo lo que hacemos, es todo lo que podemos hacer. Si no fuéramos nosotros, sería otra nave».


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