Editorial: DeBolsillo
SINOPSIS
Nacida en un pequeño lugar de la Italia Meridional, Antonia llega a Milán con la maleta llena de sueños. Allí siente que por fin va a poder convertirse en la escritora que desea ser, aunque el ritmo frenético de las calles y sus gentes, así como el cielo que para siempre ha perdido su color, parecen querer disuadirla de ello. Pero todo cambia cuando conoce a Vittorio.
Vittorio es editor, es culto, apuesto, refinado, y en sus ojos brilla un aura oscura y una insaciable sed de libertad. Su vida social intimida a la muchacha y al mismo tiempo la fascina. El joven seductor pasa los días entre copas, charlas sobre cine, literatura y música hasta la madrugada en una casa siempre rebosante de amigos. Ella, como si de una fábula se tratase, se enamora perdidamente, mas Vittorio, como sus sueños, se muestra inalcanzable. Antonia, sin embargo, aceptará las reglas del juego... aún a sabiendas de que en su mano tiene muy pocas opciones de ganar la partida.
OPINIÓN PERSONAL
Antonia es una periodista romántica y soñadora que no quiere trabajar como periodista. Cuando viaja a Milán, lo hace con la esperanza de convertirse en escritora. Allí siente que por fin va a poder convertirse en la escritora que desea ser, aunque el ritmo frenético de las calles y sus gentes, así como el cielo que para siempre ha perdido su color, parecen querer disuadirla de ello. Pero entonces, durante un simposio sobre la industria editorial, conoce a Vittorio.
En palabras de la propia Antonia, Vittorio es ¡Alguien atormentado, convencido de que es feliz! Pero cuando habla, te quedas boquiabierta... (...) Y si lo ves entre la gente, cómo le gusta hablar con los demás, cómo le interesa todo, cómo en apenas un minuto sabe cómo es una persona... Me parece que tengo que aprenderlo todo de él. Sobre todo, estoy aprendiendo a medir las palabras, a dar importancia a lo que se dice, a no soltarlas así como así. ¡Suaviza un poco mi vehemencia!
A pesar de su reticencia inicial a dejarse embaucar, Antonia termina sintiéndose fascinada por un hombre tan culto y refinado. Pero no es la única, ya que Vittorio levanta pasiones donde quiera que vaya. Su vida social es de lo más concurrida, ya que siempre está rodeado de amigos con los que mantiene charlas trascendentales sobre literatura, cine o música. También suele viajar con bastante frecuencia. En definitiva, su estilo de vida deja bastante claras sus intenciones de no comprometerse con nadie, ya que Vittorio es un amante acérrimo de la libertad más absoluta.
Por supuesto, Antonia es plenamente consciente de que persigue un sueño inalcanzable. Pero aún así, se somete dócilmente a las exigencias de un hombre que ni siquiera está dispuesto a ponerle nombre a su relación. Y como bien dice Antonia, Los nombres son importantes: cuando las nombramos, las cosas existen. El lenguaje tiene el poder de crear la realidad. Lo que se dice, existe. Las cosas permanecen ocultas hasta que sabemos cómo se llaman. (...) Si es cierto que las cosas se vuelven reales cuando las llamamos por su nombre, también es cierto lo contrario: hay cosas que se obstinan en existir incluso cuando no podemos nombrarlas.
A medida que pasaba las páginas, me iba sintiendo cada vez más identificada con las emociones de Antonia. Después de todo, Vittorio es un seductor irresistible capaz de embaucar al mísmismo diablo. En más de una ocasión, me he dejado atrapar por su lógica y he llegado a sentir que ambos comparten el peso de la culpa. Pues, si bien es cierto que Vittorio es un amante egoísta que no pone fin a las ensoñaciones de la mujer, Antonia se entrega ciegamente a un amor que sabe no correspondido. Porque ella, mejor que nadie, sabía que se estaba metiendo en una relación condenada al fracaso, cuyo final se deja entrever desde las primeras páginas.
Una vez está de vuelta en casa, y durante sus horas más bajas, Antonia recuerda los momentos que han compartido de forma aleatoria. Lo que se traduce en una prosa caótica que da pequeños saltos en el tiempo. De vez en cuando, interrumpe su introspección para reproducir pequeños fragmentos de su primera novela. Un escrito que le ha permitido canalizar gran parte de su tristeza. Pero, sinceramente, estos párrafos tan personales no han logrado tocarme la fibra sensible.
Por otro lado, la autora utiliza descripciones tan floridas y poéticas que esta novela bien podría describirse como una especie haiku largo. De modo que su lectura requiere mucha paciencia. Curiosamente, su estilo de narrativa y el orden de las cosas me han parecido demasiado tediosos, y sin embargo, he subrayado medio libro, maravillada por las frases que me iba encontrando.
Por último, no le presta ninguna atención a los personajes secundarios. En ese sentido, creo que la historia se queda un poco escasa, ya que Antonia se centra tanto en sus propios sentimientos que todo lo demás parece irrelevante.
En conclusión. Nunca estuve tan cerca es el relato íntimo de una mujer que se da por completo a un hombre que no quiere amar. En líneas generales, no me ha parecido una mala novela, pero la historia es vieja, poco interesante y menos entretenida. La prosa es muy poética, pero le concede un trato superficial a todo lo que no sea su relación. Solo recomiendo su lectura porque algunos párrafos me han calado hondo. Pero toda persona que no se sienta identificada con el amor incondicional de Antonia, pasará de puntillas.
