Ilustración de cubierta: Alba Cantero | Editorial: El Transbordador
SINOPSIS
Este es el trato. Yo contaré mi historia, la de verdad, y vosotros la escucharéis os guste o no, porque hablaré de drogatas y marginados, de sexo, violencia y muerte. Seguro que sabéis a qué me refiero. Ese impulso tan jodido cuando te dicen: no mires abajo, pero lo haces, miras y cuando sientes el vértigo ya es demasiado tarde.
Así son las cosas.
Decidido a escapar de la explotación, la miseria y el destino de convertirse en un autómata esclavo, Veintiuno asciende por los bajos fondos y se involucra en una red de crimen y traición. Sin embargo, su ambición lo arrastrará a una espiral de consecuencias donde el precio a pagar será cada vez más alto.
OPINIÓN PERSONAL
«Alguien me contó que, hace tiempo, los hombres y mujeres de la superficie se pusieron a cavar como locos, tan profundo que dejaron atrás el infierno».
El mundo se derrumbó en una guerra y parte de la humanidad vive en el pozo, un conjunto de galerías y túneles bajo tierra, donde podría decirse que impera la ley del más fuerte. Los sicarios hacen y deshacen a su gusto, pese a la existencia de un prelado y los sacerdotes que rinden culto al dios de la mecánica.
En el submundo, los adultos poseen cuerpos casi mecánicos, con cables y circuitos, gracias al bisturí de los sacerdotes. El trabajo de la gente consiste en cavar túneles y extraer cristales. Los «devoradores de la piedra» mueren sin ver el cielo contaminado. Pero algunos pocos pagan a un topo y se largan a la superficie, al menos eso dicen los rumores.
Veintiuno no es adulto, no se ha hecho modificaciones, no tiene trabajo y es un marginado que no sabe qué hacer con su vida. Así que pasa los días fumando en la casa del humo y contando historias inventadas. Toda la acción inicial es la cháchara de un soplón que aspira a otra vida y está dispuesto vender su propia alma. Desprecia a los de arriba y a los de abajo, pero tiene lo peor de cada uno.
El narrador en primera persona se interrumpe a veces para dar paso a los monólogos que el protagonista le suelta a otros personajes. Las escenas se cortan para continuar en el párrafo siguiente, es una división extraña dentro de cada capítulo.
Por la sinopsis, puedes intuir un relato malsonante, pero su insistencia en la vulgaridad es agotadora. He perdido la cuenta de las veces que menciona partes nobles, sin motivo, solo por el jolgorio de soltar palabrotas, quizá para que la novela parezca más sucia de lo que es.
El trasfondo es una crítica y una reflexión, pero transformando la realidad en un submundo aún más turbio, y ahí es donde me estaba ganando. El pozo me parecía más interesante que las mentiras de un adolescente con aires de grandeza, pero la sociedad postapocalíptica se queda a medio explorar, como simple decorado de fondo.
Un libro para ti si buscas: personajes despreciables, habladurías, metaliteratura, que digan pitos y narradores que se creen más listos que el lector.
«Francamente, el mundo está tan hueco y carcomido que no entiendo cómo la superficie aguanta y no se viene todo abajo».
«Eso es la vida, perseguir la sombra de los demás. Moverse no tiene mérito. Lo complicado es llegar a alguna parte».
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