Traducción: M.ª Dolores Torres París | Editorial: AdN
SINOPSIS
Agonie es bruja. Félicité, pasadora de fantasmas. Un profundo silencio se ha interpuesto entre estas dos hijas de pastor durante treinta años. Sin embargo, la brutal muerte de su madre las obliga a reunirse de nuevo, muy a su pesar.
Para revivir sus últimas palabras, tendrán que encontrar al fantasma de su madre, por lo que se verán obligadas a recorrer juntas el pasado de esa mujer que amó a una y rechazó a la otra. Pero el fantasma de su madre no aparece por ningún lado, y los testigos de su vida, vivos o muertos, pintan un retrato extraño, incluso contradictorio.
¿Qué quería decirles antes de morir? ¿Quién era realmente esta mujer fragmentada y múltiple?
La búsqueda de la verdad llevará a las dos hermanas desde las calles de Niza hasta el desierto de Almería, desde el Valle de las Maravillas hasta los pueblos abandonados de la Provenza, y a las profundidades de los silencios familiares.
OPINIÓN PERSONAL
Después de 30 años sin verse, dos hermanas con dones mágicos se reúnen para buscar el fantasma de su madre. Félicité es pasadora de fantasmas y dice verdades que nadie quiere oír. Agonie (o Egonia) es una bruja con un solo diente incisivo, vomita polillas cuando habla y envejece todo lo que toca. Félicité fue una niña querida, Agonie padecía el rechazo y los arrebatos de cólera de una madre trastornada.
Su investigación paranormal amenaza con desvelar los secretos de la familia, las mentiras de su madre y lo que estaba a punto de revelar antes de morir. El presente se entremezcla con los recuerdos de años pasados y la rivalidad de dos hermanas a las que enfrentaron.
La voz narrativa pertenece a un hombre que investiga el extraño abandono de Bégoumas, el valle de las cosas extrañas, una majada embrujada que se vació el verano de 1956. El narrador habla a otro hombre que escucha y cuenta la historia en tercera persona, con saltos en el tiempo. También introduce divagaciones propias, que es la parte más pesada para mi gusto. A veces, cede la voz a una primera persona y, en contadas ocasiones, narra los hechos con poesía. No acabo de sentirme cómoda con el estilo.
Si a la historia le quitas la magia del té, los fantasmas y los dones de la familia, bien podría ser una peli de sobremesa, un drama familiar sobre mentes fragmentadas, hermanas del alma y los prejuicios de una sociedad que todavía quema a las brujas.
«Cuando estamos vivos, ocupamos los lugares que dejaron los muertos».
«A lo largo de nuestras vidas no somos una sola persona».
«Aunque nos pasemos la vida tratando de evitar el papeleo, al final es nuestro único vestigio en la tierra».
