Reseña, El baile de las locas | Victoria Mas

Traducción: José Antonio Soriano Marco | Ilustración de cubierta: Piotr Krajewski | Editorial: Salamandra

Cubierta de El baile de las locas


SINOPSIS

Estamos en París en marzo de 1885. Como cada año para la Media Cuaresma, se celebra el popular «baile de las locas» en el hospital de la Salpêtrière, dirigido por el eminente neurólogo profesor Charcot. Durante una noche, la flor y nata de París disfruta al ritmo de valses y polcas en compañía de las internas, disfrazadas con extravagantes atuendos. Entre las pacientes destacan Louise, una joven epiléptica maltratada por su tío que tiene puestas todas sus ilusiones en un futuro matrimonio con un interno del centro, y la rebelde y visionaria Eugénie, una muchacha de buena familia encerrada sin contemplaciones por su propio padre. Bajo la atenta vigilancia de la implacable supervisora Geneviève, ambas intentarán cumplir sus sueños y harán todo lo posible por escapar.


OPINIÓN PERSONAL

«Lo que predomina allí no son las histéricas bailando descalzas en los pasillos fríos, sino una lucha silenciosa y diaria en pos de la normalidad».

El baile de las locas es una historia de historias, protagonizada por mujeres que han sido rechazadas por la sociedad parisina de 1885. Las historias personales y familiares de las «locas» retratan una época que no estamos lejos de vivir otra vez. Maridos dominantes que se sienten amenazados por las mujeres libres, familias acomodadas que convierten a las «histéricas» en un espectáculo. En definitiva, una sociedad patriarcal que interna en hospitales psiquiátricos a las mujeres «que ponen en peligro el orden social».

La novela introduce elementos de fantasía que, a mi parecer, deslucen el realismo de la crítica. Eugénie ve difuntos desde los doce años y la gente cree que son alucinaciones. Su don es lo único que le permite conectar con las emociones de la supervisora, al tiempo que las internas establecen vínculos y cuidados entre ellas.

El final era predecible porque está bien hilado, pero me sabe a poco, aún siendo correcto.


«A juzgar por las barreras que les ponían, más que despreciarlas parecía que los hombres las temieran».

«No hay que tener certezas. Hay que poder dudar; de todo, de las cosas y de una misma».