Traducción: Laura Manero | Editorial: Montena
SINOPSIS
A Theo, Madeleine, Lulu y Garrison les une solo una cosa: cada uno de ellos sufre de alguna fobia.
Los cuatro acaban en la misteriosa ESCUELA DE FRIKIS, un lugar inaccesible y aislado regentado por la excéntrica Mrs. Wellington y su mayordomo ciego: maquilladísima, con peluca y rodeaba de gatos y de un perro que parecen los dueños y señores de la escuela. El panorama para los cuatro no puede ser más desolador.
OPINIÓN PERSONAL
«Si se usa correctamente, la imaginación puede ofrecer preparación para muchísimas de las dificultades de la vida».
La escuela de Mrs. Wellington es una institución sumamente selecta, dirigida por la escurridiza señora a quien debe su nombre, que tiene como objetivo erradicar los miedos de los niños mediante métodos poco ortodoxos. Mrs. Wellington prefiere pensar en sus métodos como «sumamente poco convencionales, y no “terminantemente prohibidos”». En definitiva, tampoco hay que ser un lince para deducir que esta “vieja chiflada con peluca” (así la llaman sus alumnos) es fiel defensora de las terapias de choque.
Sea como fuere, la “reina de la belleza” Mrs. Wellington me ha parecido un personaje insufrible, absurdo y ofensivo. Rara vez llama a sus alumnos por sus nombres y con frecuencia utiliza apodos como Gordinflón o Musculitos para referirse a ellos. Cualquier ocasión es buena para humillar verbalmente a los demás. No deja títere con cabeza. A continuación, cito textualmente una frase de la profesora: «Está casi ciego, así que, si le hacéis muecas maliciosas, dudo que se entere». Bravo.
Los protagonistas me han parecido un despropósito de principio a fin. Madeleine tiene miedo a las arañas en particular y a los insectos en general. Theo tiene miedo a morir o a caer gravemente enfermo. Lulu sufre de claustrofobia. Y Garrison tiene pánico al agua. Hasta aquí, todo normal. Pero es que la novela los ridiculiza sin ninguna compasión, a ellos y a sus familias. Sin ir más lejos, Theo es un niño gordito al que sus compañeros (y profesora) llaman Gordinflón o Lorzas, dependiendo del día. Qué cansancio me da que, a día de hoy, tantísimos autores sigan mofándose de la obesidad en novelas infantiles.
En definitiva, ¿de verdad queremos que nuestros hijos de 9 años lean ESTO y se piensen que ESTO es lo normal? Por cierto, traducir el título original (School of Fear) como Escuela de Frikis me parece despectivo y poco acertado.
Tampoco me ha parecido una prosa nada apropiada para la edad recomendada (9 años). Muchísimas frases tienen una estructura ligeramente enrevesada, el vocabulario peca en más de una ocasión de pedante y, para colmo de males, el ritmo narrativo resulta demasiado lento. Incluso los diálogos son aburridos de leer. Le he dedicado una lectura rápida a los últimos capítulos porque era eso o cerrar el libro.
Aparte de ofensivo, me ha parecido un libro aburridísimo. La mayoría de los sucesos que tienen lugar, así como las conversaciones, son irrisorios. Hay muchísimo relleno y pocas horas de escuela. Pero lo "mejor" de todo es que la historia continuará porque se trata de una serie. Cuando el argumento no daba para más. La pincelada de misterio que se insinúa a lo largo de toda la novela no me ha dejado nada intrigada y el final resulta demasiado predecible, así que adiós al factor sorpresa.
