Max y Moritz: una historieta en siete travesuras | Wilhelm Busch

Traducción: Víctor Canicio Chimeno | Editorial: Impedimenta


SINOPSIS

«Max y Moritz» está considerado uno de los cuentos más famosos y divertidos del mundo. Trufado de humor negro, y escrito en rimas en 1865, narra las siete fatídicas travesuras de los malvados Max y Moritz, antecedentes de todas y cada una de las parejas maléficas del cómic moderno, y precursores de la historieta literaria más gamberra. De la maldad del dañino dúo no se libra nadie. Viudas, maestros, gallos y gallinas, sastres, pasteleros y tíos carnales. Todos ellos caerán irremisiblemente bajo el tremebundo azote de sus crueles tropelías. «Max y Moritz», uno de los cuentos más famosos, divertidos y gamberros del mundo, con las magníficas ilustraciones de Wilhelm Busch y la brillante traducción (¡en verso!) de Víctor Canicio.


OPINIÓN PERSONAL

Los protagonistas de este libro infantil son una especie de Zipi y Zape pero en plan bestia. Max y Moritz son dos niños muy muy traviesos, las travesuras de esta pareja están hechas de pura maldad. En resumen, son los típicos personajes que te hacen gracia, pero solo porque no los tienes que aguantar en tu vecindario.

Con toda seguridad, la pluma de este autor era magnífica, pero me siento obligada a valorar -sobre todo- el trabajo de traducción de Víctor Canicio. Básicamente, porque ha tenido que reconstruir todo el libro para que los versos rimen sin olvidarse de respetar la esencia misma de la historia. Y eso tiene mérito.

Por cierto, puede que el vocabulario sea un poco complicado para niños muy pequeños. Desconozco la edad recomendada, pero nos encontramos ante un clásico de la literatura infantil alemana. Las travesuras de Max y Moritz son un pelín macabras en un par de ocasiones y entiendo que muchos padres no consideren el contenido apropiado para todos los públicos. A lo mejor, el final es demasiado bestia, pero reconozco que me he reído por la sorpresa. De todas formas, es un cuento con moraleja: ¡Quien mal anda, mal acaba!

En cuanto a las ilustraciones, podría decirse que forman parte del relato. Y la mayoría de los dibujos son muy simpáticos, con la clásica apariencia de los cómics más antiguos, lo que convierte a este libro infantil en una golosina para el más exigente de los coleccionistas.