Editorial: Roca
SINOPSIS
Un hombre recibe una carta que le urge a pensar en un número, cualquiera.
Cuando abre el pequeño sobre que acompaña al texto, se da cuenta de que el número allí escrito es exactamente el que había pensado. David Gurney, un policía ya retirado, se verá involucrado en el caso cuando un conocido, el que ha recibido la carta, le pide ayuda para encontrar a su autor con urgencia.
Pero lo que en principio parecía poco más que un chantaje se ha acabado convirtiendo en un caso de asesinato que además guarda relación con otros sucedidos en el pasado. Gurney deberá desentrañar el misterio de cómo este criminal parece capaz de leer la mente de sus víctimas, para poder llegar a establecer el patrón que le permita atraparlo.
OPINIÓN PERSONAL
La mayoría de personajes no aportan absolutamente nada, están ahí porque el asesino tiene que matar a alguien y alguien tiene que investigar quién es el asesino. En resumen, la investigación policial es muy de andar por casa, analizando únicamente lo que está al alcance de la vista. No se aprecia que el autor se haya documentado en exceso (o por lo menos a mí me lo pareció en comparación con otras novelas más complejas). El equipo de investigación es nefasto, se limitan a comentar las mismas pruebas, una y otra vez, mientras comparten anécdotas personales. Cada vez que necesitan cualquier información de fuera, realizan un par de llamadas, viajan por todo el mapa durante un par de páginas y se relacionan con personajes que no vuelven a hacer acto de presencia. Pero es que, además, se explican todo el rato como si el lector fuera un completo idiota.
Por otro lado, se empeña en compartir con nosotros la deprimente monotonía de una pareja al borde del divorcio. Sinceramente, su matrimonio sólo me provoca indiferencia. Gurney no me ha parecido un personaje nada carismático, ni siquiera da la impresión de que sea un buen detective. Consulta con frecuencia la opinión de su mujer, quien le aconseja cómo debería enfocar la investigación e incluso le conduce hacia las conclusiones correctas a través de comentarios sarcásticos. En otras palabras, se lo da todo medio mascado y después él se lleva los aplausos.
Por supuesto, la pareja protagonista esconde un pasado traumático. En varias ocasiones, se menciona de pasada un accidente. Sinceramente, no comprendo a qué se debe tanto secretismo cuando lo sucedido es una obviedad a la que apenas se le concede importancia durante el resto de la novela. De hecho, cuenta un montón de historias secundarias que no conducen a ninguna parte y no desarrolla como es debido todo el material narrativo del que dispone.
La narrativa es tediosa, acentuaba todo el rato mi déficit de atención. Las descripciones son demasiado cargantes, se excede con los detalles irrelevantes. Por ejemplo, con el clima de la zona. Sin embargo, es posible enterarse de toda la historia leyendo únicamente las conversaciones. Las cuales, por cierto, no suenan nada naturales y están construidas con frases escuetas. De acuerdo, el argumento es bastante intrigante, pero me puede el modo en que está contado. Durante los primeros capítulos, parecía que el crimen no se fuera a cometer nunca. Se me hizo eterno.
En definitiva, me ha parecido una novela decepcionante. El truco de los números sólo sirve para que una historia del montón (que podría haberse contado con la mitad de páginas) se convierta en una lectura de lo más apetecible. Creo que todos deseábamos descubrir cómo es capaz de leer la mente a sus víctimas, pero la explicación que ofrece no me deja satisfecha. Su lógica no me parece tan aplastante como pretende. Se limita a decorar el escenario del crimen de forma insólita, pero la mayoría de los elementos que utiliza no tienen razón de ser. Y lo mejor de todo: sin la ayuda del asesino no habrían descubierto su identidad ni en un millón de años. Lo que confirma la mediocridad de Gurney como detective. La última "escena de acción" es de manual barato.
