Traducción: Marian Ochoa de Eribe | Editorial: Impedimenta
SINOPSIS
Aleksy aún recuerda el último verano que pasó con su madre.
Han transcurrido muchos años desde entonces, pero, cuando su psiquiatra le recomienda revivir esa época como posible remedio al bloqueo artístico que está sufriendo como pintor, Aleksy no tarda en sumergirse en su memoria y vuelve a verse sacudido por las emociones que lo asediaron cuando llegaron a aquel pueblecito vacacional francés: el rencor, la tristeza, la rabia.
¿Cómo superar la desaparición de su hermana? ¿Cómo perdonar a la madre que lo rechazó? ¿Cómo enfrentarse a la enfermedad que la está consumiendo?
Este es el relato de un verano de reconciliación, de tres meses en los que madre e hijo por fin bajan las armas, espoleados por la llegada de lo inevitable y por la necesidad de hacer las paces entre sí y consigo mismos.
Plena de emoción y crudeza, Tatiana Tibuleac muestra una intensísima fuerza narrativa en este brutal testimonio que conjuga el resentimiento, la impotencia y la fragilidad de las relaciones maternofiliales. Una poderosa novela que entrelaza la vida y la muerte en una apelación al amor y al perdón. Uno de los grandes descubrimientos de la literatura europea actual.
OPINIÓN PERSONAL
«Aquella mañana en la que la odiaba más que nunca, mi madre cumplió treinta y nueve años. Era bajita y gorda, tonta y fea. Era la madre más inútil que haya existido jamás».
Aleksy odia a su madre y se odia a sí mismo por ser un producto de ella. «De haber podido, la habría cambiado por cualquier otra madre del mundo». Media novela son insultos y las cosas horribles que desea a todo el mundo. El narrador padece de alucinaciones y episodios de violencia. Planeaba viajar con sus amigos a Ámsterdam, pero decide pasar las vacaciones de verano con su madre en un pueblo francés. Esos días, ¿los más felices de su vida?, son el hilo narrativo de unas memorias.
Conocemos el final casi desde el principio, Aleksy comparte recuerdos de diferentes épocas y adelanta lo que sucederá en años posteriores, pero fragmenta el desenlace para entregarnos la información como pequeños giros inesperados. Lo que interesa de su relato es el proceso, el descubrimiento de una madre que quizá no era tan mala y su transformación en el adulto que escribe el cuaderno décadas después.
Si buscas una lectura dramática, el protagonista es uno de esos personajes destruidos a los que no dejan de pasarles desgracias y tragedias. También contempla las crisis de locura en primera persona, aunque la salud mental no tiene tanto desarrollo como la relación filial.
Se lee en un suspiro y con cierto desagrado, a pesar de los momentos emotivos.
«A mi paso, en lugar de huellas quedaban tan solo unas pequeñas hendiduras llenas de nada, y la gente ni siquiera se fijaba en esas huellas porque no puedes fijarte en lo que no se ve».
