Reseña, Mara Sangrenegra | Júlia Díez

Ilustración de cubierta: Asha Gassó | Editorial: El Transbordador

Cubierta de Mara Sangrenegra


SINOPSIS

A diario, el sol Vénon se apaga durante cuatro horas. Lo llaman el Duelo: un eclipse en el que la oscuridad libera a los rastreadores, quimeras hambrientas que patrullan por todo Sombrasol y devoran a quien no esté protegido por el ónice vivo.

En la mina de Lengua Rota, Mara Sangrenegra solo pretende llegar viva al siguiente turno hasta que pisa la sombra de un contrabandista y se la arranca. El hombre queda hueco, y ella se queda con sus recuerdos. Desde ese momento, infinidad de motas doradas empiezan a arderle en el cabello.

Mientras la Marchitez consume a las gentes de Sombrasol, una profecía antigua vuelve a circular de boca en boca: «Del Duelo nacerá la Antorcha».


OPINIÓN PERSONAL

El astro Véron se está apagando y sus eclipses programan el Duelo: cuatro horas diarias de oscuridad. Durante el Duelo, la mina de Lengua Rota es una madriguera de bestias cegadas por la rabia. Mara Sangrenegra trabajaba en la mina cuando pisa y roba sin querer la sombra de un contrabandista y descubre que es la Antorcha de la profecía: un nuevo sol en la tierra que salvará a su pueblo de la Marchitez, de las quimeras y de un astro exhausto.

Se supone que la Antorcha no obedece a la Hermandad, pero el Arconte quiere hacerse con ella para someter al pueblo con su luz, mientras que la Rebelión Heliácea quiere romper las cadenas eclesiásticas.

He  intentado contar en cuatro palabras una mitología y un conflicto que no comprendo del todo y que me suscita más dudas que certezas. Los tiempos narrativos y los recuerdos que introduce, interrumpiendo el presente con frecuencia, me han generado cierta sensación de extrañeza. Las conversaciones pretenden ser épicas, pero son diálogos que suenan raro y que no siempre expresan bien las ideas. Mi lectura ha sido una experiencia confusa.

Mi principal problema son los personajes arquetipo. Las historias secundarias no importan, los protagonistas me aburren y la Antorcha no tiene suficiente arco. Se mueven todo el rato en las mismas conversaciones, en escenarios que no voy a recordar el día de mañana y pocas sorpresas. Lo he leído con desidia, por curiosidad hacia un final que me deja apagada.

Destaco que algunos conceptos resultan interesantes y que la prosa es correcta.


«Nadie se arrodilla por fe. Se arrodillan por miedo. La fe viene después, una vez que el cuello ya se ha acostumbrado a inclinarse».