Traducción: Pilar Armida | Ilustraciones: Alfredo Cáceres | Editorial: FCE
SINOPSIS
Hace cientos de años, los monstruos de Rookhaven llegaron a un acuerdo con los pobladores: mientras éstos les abastecieran suministros, ellos se mantendrían alejados de la aldea; para sellarlo, se conjuró un hechizo impenetrable alrededor de su mansión. Un día, una falla en el encantamiento les permite a los hermanos Jem y Tom adentrarse, sin querer, en el territorio prohibido de los monstruos, y con ello se abre una puerta que debía permanecer cerrada. Ahora que la armonía entre humanos y monstruos se ha roto, algo buscará iniciar una guerra en la que todos corren peligro, ¿lograrán darse cuenta a tiempo para detener a esa fuerza siniestra a la que hasta los mismos monstruos temen?
OPINIÓN PERSONAL
Un encantamiento mantiene la Casa de los Rookhaven a salvo. Nadie puede entrar y nadie puede salir. Humanos y monstruos respetan el Pacto de no cazarse unos a otros. Pero dos niños del mundo exterior han encontrado la casa a través de una brecha. «Y los humanos, como es su costumbre, tienen el terrible hábito de causar desastres por donde van».
La primera mitad de la novela presenta a los miembros de la familia, los vecinos de la aldea y las peculiaridades de la casa. Abundan las escenas inquietantes y las señales de peligro ponen los pelos de punta. Sin embargo, los monstruos y sus dones llegan a ser entrañables. Excepto Piglet, del que solo sabemos que vive encerrado y que siempre tiene hambre.
La segunda parte introduce una nueva amenaza y conocemos mejor la historia de Mirabelle, la niña monstruo. La acción me ha aburrido, quitando un par de momentos emocionantes, y los hermanos están ahí para que funcione el hilo principal. Pero la estructura narrativa es sólida y el mundo monstruoso me ha fascinado.
Destaco su ambientación y el mensaje: la importancia de crear comunidad.
