Reseña, Ciudad 14 | Jaime Mercant

Ilustración de cubierta: Jaime Mercant

Cubierta de Ciudad 14


SINOPSIS

La humanidad ya no vive en el mundo. vive protegida de él.

Las Ciudades Protegidas son entornos cerrados, diseñados para sotener la frágil vida de un planeta agonizante.

En el Sector 14 Mundial nada queda al azar. Cada recurso se mide. Cada vida se supervisa.

Tras el colapso, el gobierno dejó de estar en manos humanas. La gestión fue delegada en una inteligencia central: el Sistema Madre Madeleine.

¿Hasta qué punto puede mantenerse el equilibrio? Héloïse Avril, una joven parisina marcada por su origen, se enfrentará a los abismos de su legado familiar.


OPINIÓN PERSONAL

El principal objetivo de las Ciudades Protegidas creadas por E.T.E.R.N.A. es la recuperación del planeta después del Gran Colapso. Puesto que la humanidad ha destruido la Tierra, los cilindros estarán controlados por una inteligencia artificial, el Sistema Madre Madeleine, que reeducará a la sociedad. Pero minutos antes de activar el proyecto, la IA pide hablar con Lo Abril, hija de los científicos que diseñaron el programa.

Desde las primeras páginas, me ha costado entrar en la prosa, tiene un estilo casi robótico y mal estructurado. Diálogo y más diálogo sin texto intermedio, el narrador no interrumpe las conversaciones ni para aclarar quién esta hablando. Muchas veces deducimos lo que está pasando porque mencionan las acciones. De vez en cuando, introduce pequeños párrafos para describir la ambientación brevemente y con frases cortas, prácticamente enumera los elementos de su alrededor. Y este método se acentúa a medida que avanza la historia. Por otro lado, las frases de Madeleine resultan incómodas de leer, mezcla letras con símbolos, dudo que un lector de textos pueda reproducir lo escrito.  

Siento que tenía una historia interesante, pero cae en los errores habituales de una primera novela. Los personajes carecen de profundidad, las charlas existenciales se repiten y el ritmo narrativo es irregular. Nos encontramos una primera parte muy lenta en la que parece que no pasa nada, de pronto «pasan meses» y «pasan más meses» y la novela deriva en una especie de gincana a contrarreloj. Recuerda a los libros de aventuras que mezclan pasado y presente para que los personajes puedan resolver una serie de pruebas, pero todo sujeto con pinzas porque el final es un despropósito. 

No es un libro autoconclusivo.


«Hay personas que no podemos cambiar. No todo el mundo es mundo. Hay muchas personas que están fuera de él».

«El peor mal del mundo es el poder y sus tentáculos son los hombres».