Reseña, La hija del veterinario | Barbara Comyns

Traducción: Catalina Martínez Muñoz | Editorial: Alba

Cubierta de La hija del veterinario


SINOPSIS

Alice vive con su madre enferma y su padre, un veterinario despótico y brutal, en una vieja casona de un oscuro barrio de Londres. Encima de la chimenea tienen un cráneo de mono, y en el suelo la piel de un gran danés. La madre muere, y el padre la reemplaza por una tabernera que no tarda en comportarse como una indecente madrastra. Alice tiene, pese a todo, un joven que la admira, Ojitos, y un don «peculiar» que le da paz… pero del que no se atreve a hablar con nadie. Además, ella no quiere ser «peculiar».

La hija del veterinario (1959) es una novela inquietante y fantasiosa, pero perfectamente controlada por una voz narrativa delicada, intencionada e inteligente. Barbara Comyns confirma en ella su singular humor, su maestría para un punto de vista familiarizado con la catástrofe y con esas «pequeñas cosas que nunca se olvidan».


OPINIÓN PERSONAL

Alice es una joven de 17 años que vive en una situación de pobreza con una madre enferma y un padre maltratador. Se maravilla con la suntuosidad de la ciudad y se promete que algún día formará parte de ella, pero escapar del infierno no le será fácil. 

Durante los primeros capítulos, sus memorias se acercan a la triste realidad. Una joven sufre violencia doméstica y busca protección en las personas buenas que conoce. A destacar: la señora Churchill, que odia a los hombres, y el señor Peebles, un ayudante no muy agraciado que siempre ha sido amable. Pero hasta los hombres buenos esperan algo a cambio.

Es un relato duro, con momentos de desahogo agradables, como un paisaje bonito salpicado de manchas tristes. Pero el realismo mágico desmerece lo que podría haber sido un drama aceptable, con detalles autobiográficos. Al margen de lo que pretende significar, el final me ha parecido un mal cierre. 

 

«A veces mi vida me parecía tan triste y sin esperanza que intentaba imaginarme en otro mundo».