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La dichosa importancia de la belleza | Amanda Filipacchi

Traducción: Marta Alcaraz | Editorial: Turner



SINOPSIS

En el centro de Nueva York un grupo de amigas luchan contra los ideales de belleza impuestos por la sociedad. Barb es demasiado hermosa y teme que nadie sepa ver más allá. Lily, por el contrario, intenta desesperadamente atraer al hombre que la ha rechazado. Mientras tanto, un asesino anda suelto. 

Un cuento de hadas contemporáneo que se mueve entre el género policiaco y la farsa surrealista.


OPINIÓN PERSONAL

Casi toda la novela está narrada en primera persona por Barb, una mujer guapísima que se disfraza de fea porque sucedió algo en el pasado que la traumatizó de por vida. Poco a poco, vamos conociendo al resto de su pandilla, compuesta por un reparto de personajes no menos excéntricos que la propia Barb: una escritora de éxito, una pianista muy fea de más éxito todavía, un ex-policía sin ningún talento especial y una chica que tiene todavía menos talento con la cerámica. Sin olvidarnos de que unos secuestradores la encerraron en un ataúd. Hechas las presentaciones, deciros que simpatizo con todos los protagonistas por igual, todos tienen vida propia y se complementan entre sí. Desde que aparecen en escena, es fácil encariñarse de ellos a pesar de sus... rarezas. Porque en esta novela todo queda salpicado por un surrealismo delicioso que, misteriosamente, resulta totalmente creíble.

Y hablando de misterios, Barb empieza a recibir cartas de un amigo que se suicidó hace tiempo. Por supuesto, no son cartas normales y corrientes. Su difunto amigo les confiesa que uno de ellos es un asesino. Pero eso no es lo peor. Lo peor de todo es que LEO está decidid@ a cometer un nuevo asesinato el 27 de Octubre y los demás tienen que impedirlo como sea, a pesar de que ignoran su verdadera identidad. De este modo, se producen una serie de situaciones todavía más surrealistas durante la primera mitad de la novela. Confieso que, a estas alturas, su historia ya me había atrapado por completo y no podía parar de leer. El misterio me tenía en ascuas, pero es que además, la trama se desvía por unos derroteros cada vez más sentimentales gracias a dos magníficas historias de amor:

—Lily, la pianista muy fea anteriormente citada, está enamorada de un hombre muy superficial que no corresponderá a los sentimientos de ninguna mujer tan fea. Sin embargo, Lily es capaz de embellecer cualquier objeto con su música...

—Barb es una chica guapísima que se disfraza de fea para encontrar el verdadero amor, un hombre capaz de enamorarse de su belleza interior a pesar de toda la grasa postiza que oculta su belleza exterior. El problema es que "el amor de su vida" conoce su secreto...

La dichosa importancia de la belleza es una de las novelas más peculiares que he leído en los últimos años y, al mismo tiempo, resulta casi exquisita. Su argumento se escapa de la norma y no te deja indiferente. Detrás de tanto surrealismo, se esconden un sinfín de metáforas que pueden interpretarse de diferentes maneras. A pesar de que muchos capítulos carecen de sentido común, el absurdo es sólo una apariencia. En definitiva, es un libro que te hace reflexionar muchísimo y con el que resulta imposible no sentirse identificado. Sinceramente, no encuentro palabras para describir esta maravillosa novela.

En resumen, esta novela es una crítica camuflada hacia toda sociedad o persona que se sienta esclavizada por un canon de belleza capaz de variar en cuestión de segundos. Amanda Filipacchi alude a las personas que todavía buscan el verdadero amor en la belleza de un amor a primera vista, pero también a quienes esconden su verdadera belleza detrás de los complejos físicos. Sin embargo, conviene recordar que no sólo rechazamos a las personas feas, también prejuzgamos injustamente a todas las personas guapas. Sólo por esta razón, las últimas líneas me han parecido soberbias.

Dicho de otra manera, me alegro muchísimo de no haber prejuzgado la hermosa portada de esta edición, porque esta novela también posee belleza interior. Una belleza que no todos sabrán admirar, pero que está ahí, a la espera de alguien que sepa ver más allá de las apariencias.


Sheila Levine está muerta y vive en Nueva York | Gail Parent

Traducción: Zulema Couso | Editorial: Libros del Asteroide



SINOPSIS

Sheila es una chica mona. Su madre dice que es guapísima, claro, pero ya se sabe cómo son las madres. Vive en Manhattan con su mejor amiga, Linda, que es más alta y más delgada que ella.

Sheila no piensa demasiado en el futuro y su vida transcurre como la de cualquier otra chica. Sin embargo, su despreocupación termina el día en que cumple treinta y cae en la cuenta de que no tiene pareja. Sheila intentará resolverlo, pero no es tarea fácil: el que no es gay, se enamora de su mejor amiga; y el que parecía tan buen chico, solo busca ahorrarse el alquiler. Un desastre.

Las decepciones se transforman en desesperación y, en un momento de lucidez, Sheila toma una decisión drástica: suicidarse. Pero antes de hacerlo, tiene que dejar sus cosas en orden y explicar los motivos en una larga nota.

Considerada cuando se publicó, en 1971, como la alternativa femenina al Alexander Portnoy de Philip Roth y a las primeras comedias de Woody Allen, Sheila Levine está muerta y vive en Nueva York continúa siendo la nota de suicidio más divertida que se haya escrito nunca.


OPINIÓN PERSONAL

No soporto a Sheila Levine. Sí, lo sé. Se supone que es una sátira y que, supuestamente, parodia a las mujeres que se comportan de esta manera. Pero es que no puedo con ella. Para empezar, es una especie de estereotipo con patas bastante patético que denigra al resto de mujeres. Yo entiendo que fue concebida como parodia de una realidad que apenas se le parece, pero no me hace ni pizca de gracia. Es más, me aburre.

Sheila Levine es una chica judía —supuestamente con sobrepeso— y ridículamente obsesionada con la idea de casarse. Por Goodreads he leído un comentario que describía a Sheila como “una mezcla de Bridget Jones y la protagonista de GIRLS”. Y no podría parecerme una comparación más acertada. El problema es que detesto a la protagonista de Girls.

En cuanto al resto de personajes... digamos que están de paso porque tampoco me han aportado gran cosa. En serio, es que no empatizo ni simpatizo con nadie. La protagonista cada vez me cae peor y no soporto a los hombres con los que se acuesta.

Como podéis ver, la prosa de esta autora es una de las pocas cosas buenas que le he encontrado a la novela. A pesar de que su lectura se me ha hecho cuesta arriba, reconozco que la prosa es de primera calidad. Esta historia biográfica está narrada en primera persona por la propia Levine, quien ha decidido escribir una nota de despedida antes de suicidarse. Por cierto, los capítulos son bastante largos.

He intentado leer esta novela dos veces, pero me supera. Después de leer las primeras páginas que la editorial pone a disposición del lector, pensaba que el resto de la novela sería igual de entretenida y divertida. Pero lo que me he encontrado me ha aburrido hasta límites imposibles. Tanto que soy incapaz de finalizar su lectura si no es saltándome unas cuantas páginas de relleno. La historia de Sheila Levine no podría importarme menos y cada nueva aventura me parece más irrelevante que la anterior.

Nunca he simpatizado demasiado con las novelas chick-lit y, según parece, la novela de Gail Parent pertenecía a ese género antes incluso de que alguien se inventara ese término. En definitiva, una nota de suicidio bastante simpática que va perdiendo toda su gracia a medida que avanza hacia un final casi surrealista. Una novela totalmente prescindible para mí.


«Fecha de nacimiento: 12 de agosto, hace treinta años... “Qué preciosidad de bebé”... “Manny, ¿es niña? Ya sabes lo que significa eso: te toca pagar la boda...” ¡Solo tenía un día! Solo tenía un día y ya estaban hablando de bodas. Tú escribiste la historia, mamá».


Reseña, Solo un chico más | Kristan Higgins

Traducción: Ana Peralta de Andrés | Editorial: HQN

Foto del libro Solo un chico más


SINOPSIS

Ser tratada como si fuera un chico más no era tan divertido como podría parecer, de modo que tras volver a su ciudad natal, la periodista Chastity O'Neill decidió que ya iba siendo hora de utilizar sus armas de mujer. Sin embargo, tenía dos pequeños problemas: en primer lugar, Chastity era una fuerza femenina de un metro ochenta y fuerte como una roca, y, en segundo lugar, tenía cuatro hermanos mayores, que seguían tratándola como si fuera uno más del grupo.

Mientras estaba haciendo un reportaje sobre los héroes de la ciudad, conoció a un atractivo doctor y las cosas comenzaron a mejorar. Ya solo tendría que olvidarse definitivamente de Trevor Meade, su primer amor y la única relación que todavía no había superado.

Pero cuanto más tiempo pasaba con su doctor, más pensaba en el irresistible Trevor. Aunque parecía que él sí que había superado su amor de juventud.


OPINIÓN PERSONAL

Solo un chico más es solo una novela chick-lit muy fresca, moderna y divertida. Creo que Chastity es una de las protagonistas femeninas que más me ha gustado en mucho tiempo. Resulta demasiado fácil sentirse totalmente identificada con ella, sobre todo las mujeres que somos un poco... como un chico más. Aunque es la típica chica de diez que todas querríamos tener por amiga, lleva siglos sin pareja, precisamente por esos modales poco femeninos y su alta estatura. Y a tiempos desesperados... ella también está dispuesta a tomar medidas desesperadas para casarse y tener hijos.

Durante los primeros capítulos, las casualidades humillantes (algunas casi surrealistas) se suceden a un ritmo vertiginoso. La pobre Chastity busca una cita hasta debajo de las piedras, pero sólo encuentra indeseables. Mientras tanto, casi todos sus hermanos son felices en su matrimonio y tienen unos hijos preciosos. ¡Incluso su madre divorciada liga más que ella! Lo mejor de todo es que Chastity está buscando al hombre de su vida, cuando ya lo ha encontrado. Su nombre es Trevor y se desean desde siempre.

Por obra de un milagro, su trabajo en un periódico local le permite, por fin, conocer al candidato perfecto para reemplazar a su primer amor: un doctor arrogante e insufrible que no sabe lo que es divertirse, pero que también busca casarse y tener hijos. Realmente, es imposible enamorarse de un hombre tan... plano como él, de modo que este triángulo amoroso no supone ninguna decisión imposible. Desde un principio, he sufrido a la espera de que Trevor reaccionase de una vez, preguntándome por qué rechazaba a una mujer como ella. He terminado odiándole y queriéndole al mismo tiempo.

El estilo narrativo de la autora es muy sencillo y fluido, de modo que su lectura dura un suspiro. Sobre todo, porque no puedes parar de leer hasta enterarte de lo que pasa. Por cierto, la historia de su madre también consiguió emocionarme, en parte, porque es bastante más realista. Y al margen de todo el amor compartido en una familia tan extensa, me ha parecido una novela divertida, aunque su sentido del humor es un poco bestia algunas veces. Por el contrario, ese final es tan... romance azucarado.


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