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Reseña, Y del cielo cayeron tres manzanas | Nariné Abgarián

Traducción: Irina Bulgákova, Manuel Ángel Chica Benayas  | Editorial: Navona
Imagen de la cubierta: Audrey Helen Weber



SINOPSIS

En la pequeña aldea de Maran, enclavada en lo alto de las montañas en un rincón olvidado del Cáucaso, un lugar donde los sueños, las maldiciones y los milagros se toman muy en serio, una comunidad unida discute, cotillea y ríe sin que el paso del tiempo la afecte. En su vida cotidiana –cosechando, haciendo baklava, limpiando las casas–, los aldeanos se apoyan unos a otros en los buenos y en los malos momentos. Sin embargo, a veces basta una chispa de romance para que la vida dé un vuelco, y un complot para unir a dos de los habitantes más obstinadamente solteros de Maran pronto da al pueblo algo nuevo de qué hablar...

Y del cielo cayeron tres manzanas es una fábula conmovedora que capta brillantemente la idiosincrasia de una pequeña comunidad. Llena de imágenes suntuosas y humor cálido, es una vibrante historia sobre la resistencia, la belleza de los pequeños detalles y el lujo de la amistad cotidiana.


OPINIÓN PERSONAL

Marán, una pequeña aldea en la cima del Mánish-kar, no es un pueblo tan idílico, aunque por la belleza de sus descripciones pudiera parecerlo. Su población son tres docenas de ancianos que el mundo ha olvidado, sumida durante muchos años en la oscuridad después de haber sobrevivido a la hambruna y la guerra. “Cada habitante conocía todos los entresijos del resto de sus convecinos” y aún reina la costumbre patriarcal de tener muchos hijos, aunque no quedan niños en el valle. 

Los matrimonios muchas veces son de conveniencia, aunque “el hambre eliminó las diferencias entre pobres y ricos”, y los cónyuges se acostumbran el uno al otro con los años, o bien se soportan a duras penas. Los hay que alimentan la complicidad y acaban siendo una pareja bien avenida, pero también hay violencia hacia la mujer. Y contra todo, los vecinos se cuidan y protegen lo mejor que saben, unidos frente a los infortunios de la vida. 

En esta tierra fría castigada por la sequía y las bombas, sobran manos dispuestas a ayudar. Los ancianos desconfían de la medicina, son supersticiosos que creen en las maldiciones y en los sueños. Pero nadie está solo. Desde la cercanía y con la fuerza narrativa de un cuento, la novela retrata las costumbres, la cultura y las vidas de los vecinos más entrañables, detallando la historia de sus antepasados y el futuro que atisban ya entrados en la vejez. 

Personalmente, me he encariñado de Anatolia, por su obstinación y su amor a los libros. Su vida personal es dura y dolorosa, su entorno nos muestra la realidad rural de una época que nos resulta tan tormentosa como familiar. Más que una novela costumbrista, es un documento sobre los hombres y las mujeres que cultivaron los campos y atendieron a los animales en las peores condiciones imaginables.

Una fábula teñida de realismo mágico que en cierto modo nos devuelve la esperanza hacia un futuro incierto. No solo Anatolia, sino toda la aldea, se acostó para morir sin saber cuánta belleza la esperaba.


«El mundo es pequeño y nosotros somos grandes, aunque toda la vida, por ingenuidad o por ignorancia, creamos lo contrario».

«Sintió por primera vez que la vida era un regalo, no algo que dar por sentado».


El nadador en el mar secreto | William Kotzwinkle

Traducción: Enrique de Hériz | Editorial: Navona



SINOPSIS

En una noche helada, un futuro padre lleva a su esposa al hospital cuando está a punto de dar a luz. Pero la tensa calma del parto se rompe y un futuro se desvanece. Porque nada está escrito y la promesa del nacimiento puede, en un instante, imponer a la esperanza una negación tan trágica como inevitable. A través de una narración acotada a veinticuatro horas, en apariencia simple y lineal, asistimos a la fragilidad del destino, a la potente fuerza del amor parental y a la aceptación de una realidad no deseada. 

Publicada originalmente en 1975, El nadador en el mar secreto trasciende su origen autobiográfico para convertirse en una pequeña novela que alcanza cotas de emoción, precisión y poesía poco comunes en la historia de la literatura. Un clásico indiscutible de nuestro catálogo que perdura por su sobriedad, belleza y su capacidad única para conmover profundamente al lector.


OPINIÓN PERSONAL

Laski y Diane viven en una especie de asentamiento abandonado en un bosque remoto. Su relación con el resto de vecinos es casi inexistente, lo que acentúa la sensación de aislamiento. Tras diez años de matrimonio, Laski y Diane están a punto de tener un hijo. Y la noche en que ella rompe aguas marca el inicio de un período de extrañeza, donde acciones tan comunes como calentar el motor de la camioneta o recorrer la carretera entre su cabaña y la ciudad, cobran una resonancia especial. 

Laski y Diana atraviesan los vastos campos nevados que rodean su cabaña de camino al hospital, donde descubren que el bebé llega de nalgas.

Creo que la reseña del editor resume perfectamente el contenido de este libro. «El nadador en el mar secreto es la historia del arduo nacimiento de un niño contada por su padre con un lenguaje poético y una contenida emoción».

La historia está narrada en tercera persona, pero siempre desde el punto de vista del padre. Y es una prosa cargada de adjetivos poéticos, aunque su lectura no resulta especialmente densa por ello. De todas formas, a ratos me ha parecido un relato monótono, describe procesos realmente anodinos con el mayor lujo de detalles, para no llegar a ninguna parte relevante (¿o puede que sí?). Por otro lado, es cierto que se trata de un libro sorprendentemente sobrio y contenido, casi aséptico.

Me ha parecido un escrito grotesco y muy duro. Los padres son meros espectadores de su destino y esa ausencia de emoción resulta desconcertante. Si bien es cierto que no pueden elegir el camino que están a punto de recorrer, me esperaba que resolvieran los dilemas con el corazón y nunca con la cabeza.

Al mismo tiempo, el padre repara en cada pequeño suceso que tiene lugar mientras espera en la sala de maternidad. Y su forma de entender el milagro de la vida, nos descubre que no tiene nada de cotidiano. Por mucho que los médicos respondan casi con indiferencia a la situación de la madre.

Cuál no es mi sorpresa cuando descubrí que es una historia autobiográfica inspirada en hechos reales. Y quieras que no, eso te obliga a mirar el escrito con otros ojos. Porque, solo entonces, comprendes tanta emoción contenida. Aquí redescubrimos el milagro de la vida a través de los ojos de un padre cuyo futuro es totalmente incierto. Recomiendo darle una oportunidad.


«Él sólo reconocía las olas que volvían a llevárselos a un lugar en el que estaban solos en un amor y una tristeza que nadie más podía compartir, solos y cada uno aferrado al otro en aquella realidad para la que tanto se habían preparado y para la que ninguna preparación era suficiente».