17 octubre 2017

El diablo embotellado | Robert Louis Stevenson

Traducción: María Eugenia Santidrián | Ilustraciones: Raúl Allén | Editorial: Anaya


SINOPSIS

Keawe, un hawaiano con ganas de ver mundo, viaja a San Francisco, donde compra una botella con un diablo dentro. El diablo le proporcionará todo aquello que desee, menos alargarle la vida. Pero si muere antes de vender la botella por menos dinero que por el que la adquirió, estará condenado a arder en el infierno.


OPINIÓN PERSONAL

Un día, Keave pasea por una colina repleta de palacios cuando repara en una casa más pequeña que las demás pero llena de excelencias, realmente hermosa. Cuando el dueño de la casa descubre al hombre parado frente a su propiedad, le hace señas a través de la ventana para invitarle a pasar. Entonces, entre suspiros afligidos, le confiesa cuál ha sido la clave de su éxito.

El anfitrión de Keave posee una botella ventruda con el cuello muy largo; el cristal era de un color blanco lechoso, y tenía los cambiantes tonos del arco iris. En su interior había algo que se movía confusamente, algo así como una sombra y una llama. Su cristal ha sido templado en las llamas del infierno. En su interior vive un diablo. La persona que compre esta botella tendrá al diablo a su disposición; todo lo que esa persona desee. Una vez vendida la botella, desaparecen el poder y la protección. Pero únicamente puede ser vendida si se pierde dinero en ello. Si se vende por la misma cantidad que se ha pagado por ella, vuelve al anterior dueño.

Hay una cosa que el diablo no puede hacer: prolongar la vida. De modo que la botella tiene un inconveniente: si un hombre muere antes de venderla, arderá para siempre en el infierno.

Como era de esperar, Keave cae en la tentación de comprar la botella y, gracias a los servicios del diablo, hereda una casa de ensueño. De un día para otro, se convierte en un hombre afortunado y risueño, que tiene todo lo que siempre ha deseado. Tal como prometió, y por miedo al fuego eterno, la vende ipso facto. ¡Pobre infeliz! Por culpa de un destino aciago, necesita recuperar la botella urgentemente. Solo que esta vez, no podrá deshacerse de ella tan fácilmente...

Llegados a este punto de la historia, el autor nos mantiene en ascuas hasta el final, porque deja entrever que el diablo puede reclamar el alma de su "propietario" en cualquier momento. Además, es un relato con más trasfondo moral del que me esperaba. Se trata de una reflexión muy breve y apenas profundiza en el tema, pero menciona de pasada el egoísmo de aquellas personas que son capaces de condenar a los demás al fuego eterno a cambio de salvar su propio pellejo. Por otro lado, el protagonista es incapaz de valorar la felicidad presente porque está demasiado preocupado por el futuro que le espera, un futuro que se ha labrado él solito.

El diablo embotellado ha sido toda una sorpresa, un relato encantador que me ha conquistado. Más que una historia de terror, nos cuenta la historia de un amor incondicional que se ha visto truncado por un pacto con el diablo. El desenlace me ha mantenido en tensión, porque no tenía ni idea de lo que podría suceder hasta la última página. El final es redondo.

Lo único que no me ha gustado del relato es que el sentimiento de amor entre Keave y Kokua es inmediato y el final resulta repetitivo, aunque la repetición era necesaria para cerrar el desenlace de la mejor manera posible. La verdad es que tenía una idea preconcebida, me esperaba un final mucho más truculento y diabólico. En definitiva, más dramático. Por el contrario, me encanta el ingenio y la inesperada belleza de un amor tan incondicional.

El presente volumen es traducción directa e íntegra del original inglés publicado en 1893 e incluido en la obra Island Night's Entertainments. La magnífica traducción es obra de María Eugenia Santidrián. Por lo demás, la edición de Anaya es perfecta y las ilustraciones de Raúl Allén me han enamorado.

Otros libros del autor: El extraño caso del doctor Jekyll y Mr. Hyde


«¿No crees que es terrible salvarse uno del fuego eterno a cambio de la perdición de otra alma?»


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