02 marzo 2019

Como vana sombra | Jane Hervey

Traducción: Daniel de la Rubia Ortí | Editorial: Alba


SINOPSIS

Pese a ser autora de una sola obra, el caso de Jane Hervey y de su novela Como vana sombra (escrita en la década de 1950 pero no publicada hasta 1963) es lo suficientemente excepcional para haber llamado la atención de las modernas colecciones de clásicos. Se trata de una auténtica y valiosa rareza, que transcurre en cuatro días alrededor de un funeral. Es conocida la afición de los británicos a hacer comedia de un entierro, pero, aunque esta novela cae sin duda dentro de esta categoría, es también algo más. El incidente inicial, la muerte del coronel Alfred Winthorpe, lejos de ser motivo de duelo, supone un verdadero alivio para su familia, pues con ella terminan largos años de violencia, tristeza y amargura. Nadie, sin embargo, parece dispuesto a admitirlo y todos siguen adelante con el ceremonial prescrito, guiados por un sentido del deber al que obedecen sin saber por qué. Ese deber moral nunca puesto en duda es el que ha regido el designio de esta familia, que ahora se obstina en cumplir con las expectativas sociales y rendir con decoro su último adiós a un hombre al que nunca quisieron. Pero a lo largo de esos cuatro días los secretos callados van encontrando la manera de hablar… aunque a veces sea bajo la forma de unos diálogos delirantes. Seca, ligera, calmada, esta gran novela es una sorprendente combinación de absurdo y catarsis.


OPINIÓN PERSONAL

«Todos se tomaron un momento para ver, a través de los ojos de la enfermera, al anciano que en vida se había mostrado delante de ellos violento, intolerante y discutidor, recordado ahora como un santo y un dechado de humildad. ¿Cuál era el verdadero hombre, y cuál su sombra?"» 

El coronel Winthorpe ha fallecido plácidamente mientras dormía. Pero su muerte, lejos de ser motivo de duelo, supone un alivio para toda la familia. Su viuda, tres hijos, su nieta y dos nueras se reúnen en la casa durante cuatro días para preparar su funeral. Todo el mundo recuerda al coronel como un déspota, pero nadie expresa sus verdaderos sentimientos. Sin embargo, su convivencia será la gota que colme el vaso. Sobre todo, porque el viejo sigue imponiendo su voluntad incluso después de muerto.

La familia Winthorpe no podría ser más cínica e hipócrita. Cuidan hasta el más mínimo detalle de su comportamiento para que su conducta parezca intachable. Poco importa que los herederos tengan motivos más que suficientes para ningunear a su padre, igualmente me parecen personas despreciables. No sólo en lo relativo al difunto, sino en todos los sentidos posibles. La viuda Winthorpe, por ejemplo, piensa que Joanna no puede ser infeliz en su matrimonio al estar casada con un marido tan encantador y tan bien parecido. Una y otra vez, la familia al completo da muestras de que lo único importante son las apariencias y el dinero. Excepto su hijo Brian y su nieta Joanna, dos personas "normales" que rivalizan con el resto de la familia en más de una ocasión. Aunque hay que reconocer que el coronel solo recoge lo que ha sembrado. Por otro lado, la autora también describe brevemente la falsa amabilidad de los cotillas que siempre ofrecen consuelo y favores con la esperanza de conseguir una buena exclusiva. En realidad, la mayoría de los personajes son unos superficiales de campeonato.

La novela está escrita en tercera persona, de modo los pensamientos más oscuros de la familia aparecen en primer plano, como si formasen parte de una especie de diálogo jamás pronunciado. Y eso es lo que más me ha gustado de la novela, saber qué piensan los protagonistas al mismo tiempo que hablan. A veces las conversaciones parecen mezclarse con las reflexiones privadas de cada uno. Por otro lado, se trata de una lectura bastante pausada. Hay que tener en cuenta que únicamente retrata a una familia normal y corriente durante el proceso de duelo. A su favor, la prosa es más bien sencilla y nada cargante, lo que facilita que su lectura sea muy fluida. O dicho de otro modo, se lee en un suspiro. Por último, la novela ha sido dividida en cuatro grandes bloques (los cuatro días posteriores a la muerte del coronel) y estos, a su vez, en varios capítulos más pequeños.

En palabras de la propia editorial: «Como vana sombra encaja en una clásica comedia de funeral británica un retrato familiar de una precisión casi salvaje: seca, ligera, calmada, esta novela es una sorprendente mezcla de absurdo y liberación». En mi opinión, Como vana sombra es el vivo reflejo de una sociedad que, por desgracia, no ha perdido ni un ápice de vigencia. Básicamente, la novela me ha parecido una obra maestra porque ese apego casi enfermizo por las apariencias me resulta tan cercano y real como la vida misma. La psicología de todos los protagonistas queda perfectamente definida desde las primeras páginas y no hay sorpresas de última hora. Me ha encantado que el matrimonio de Joanna cerrase la historia con una metáfora tan adecuada. Sin ninguna duda, la nieta del coronel protagoniza una novela que también retrata, con muchísimo acierto, la búsqueda de la libertad.


«Era extraño pensar cómo después de tantos años oyendo hablar al viejo, el silencio que había dejado concitaba mayor atención que su propia voz; como un reloj cuyo tictac resulta tan familiar que uno solo toma conciencia de él cuando se para». 

«Miró a su abuela, que no había recuperado su fuerza, y ya nunca lo haría. Su expresión era de profunda tristeza, y Joanna sabía que no era tristeza por lo que había perdido, sino por lo que no había encontrado debido a esa falta de fuerza».


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