Traducción: Cristina Macía Orio | Editorial: Runas
SINOPSIS
La casa al final de Needless Street es la historia de una niña que desapareció once años atrás en una excursión a un lago. De su hermana, Dee, una mujer vulnerable que sigue buscándola y rastreando a los sospechosos, después de que la tragedia destruyera a su familia. De Ted, que siempre fue un muchacho extraño y podría haber sido responsable de la desaparición de la niña. Ted vive ahora aislado con su hija y una gata en una casa decrépita y ha tapiado todas las ventanas, por las que solo penetran fragmentos de luz. Ted conoce muy bien el bosque que hay junto a su casa. Allí ha buscado refugio muchas veces y está enterrada parte de su pasado.
OPINIÓN PERSONAL
Resulta complicado reseñar una historia cuando es mejor no saber nada de ella. Cada pequeño detalle de la trama importa, así que en vez de hablar de la historia, os contaré lo que se puede saber de los tres narradores que construyen este relato.
Ted es un hombre solitario, que vive aislado cerca del bosque, en compañía de su hija Lauren y una gata llamada Olivia. Ted no se relaciona con ningún vecino, y la mayoría de los vecinos prefieren no relacionarse con Ted. En cuanto ponemos un pie en esta casa, percibimos que aquí ocurre algo tan extraño como el propio Ted. Desde las primeras páginas, se intuye que Ted mantiene una relación bastante tormentosa con su madre y que su hija padece algún tipo de trastorno psicológico.
Olivia, la gata de Ted, no simpatiza mucho con la niña, ni siquiera estoy segura de que simpatice mucho con Ted. Olivia es una gata bastante peculiar, está convencida de que el Señor la ha traído hasta aquí para que cuide de Ted, un humano atrapado en su propia casa. Olivia será nuestros ojos en la casa, conoceremos a todos los personajes desde su punto de vista, lo que nos permite ver más allá de los pensamientos de un hombre algo perturbado por un pasado que lo persigue. Sin embargo, el relato de Olivia también es confuso y roza lo paranormal.
A diferencia de Ted y su gata, la voz de Dee es un narrador en tercera persona. Hace once años, su hermana desapareció en el lago sin dejar rastro, nadie sabe qué sucedió. Dee no ha dejado de buscarla desde entonces, investigando a todos los sospechosos del caso por sus propios medios. Y ahora su camino se ha cruzado con los pasos de Ted.
Tres narradores poco fiables tejen sutilmente el pasado con el presente. Muchas veces no sabes qué está pasando o qué sucedió hace años. La historia está llena de pequeños detalles fuera de lugar que llaman nuestra atención casi de inmediato, son como pequeños gritos señalando algo que no puede percibirse a simple vista. Cuando lees esta novela por segunda vez, descubres que muchísimas frases tenían una doble lectura y solo entonces te das cuenta de que el estilo narrativo es muy tramposo.
Reconozco que la primera vez su historia me impactó. El primer giro era inesperado y el final me dejó bastante rota. Pero entonces pasó el tiempo, digerí mi lectura y comencé a preguntarme si de verdad es un relato tan bueno, porque cuando tomas distancia con el dolor es cuando ves las grietas y la repetición del mismo giro es lo único que le permite dar tantas vueltas. Es una novela que juega al engaño y se vale de mil trucos.
La prosa es magnífica, te envuelve desde la primera página. Retrata las historias de Ted y Dee desde el respeto, con dureza pero también con delicadeza. No es un libro de terror, es la vida. Y eso es lo más perturbador de todo.
«Todos los monstruos tienen una historia.»
«Los pájaros no emiten sonidos. Puede que eso sea lo peor. Los pájaros no son como las personas. El dolor los deja en silencio».
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