Traducción: Gemma Pecharromán Miguel | Ilustración de cubierta: Hope Langloff | Editorial: Gatopardo
SINOPSIS
Como si recorriera las páginas de un libro, una mujer postrada en cama con fiebre evoca a cuatro personas de su pasado: una expareja que saltó a la fama, una compañera de piso que desapareció del mapa, un amor sin futuro, una madre frágil y dependiente. Pero ¿quién es en realidad el retratado, la figura del lienzo o la que sostiene el pincel? El retrato se troca en autorretrato y, al trasluz de las personas que un día lo fueron todo para ella, la mujer recompone los retales de su juventud en el Estocolmo de los años noventa. Años de fiestas y titubeos académicos, de amistades y amores tan intensos como efímeros, cuando todavía había un listín telefónico en cada casa, la salud mental no formaba parte del vocabulario cotidiano y el nuevo milenio se esperaba con optimismo.
Ganadora del Premio August, el galardón literario más importante de Suecia, y convertida enseguida en un éxito internacional, esta novela de prosa delicada y precisa está escrita desde un yo en el que es fácil verse reflejado: inestable y cambiante, moldeado por el roce íntimo con un puñado de personas y por los detalles —un gesto, una canción, una nota de amor escrita en un libro— que dan densidad y textura a una vida, a todas las vidas.
OPINIÓN PERSONAL
«Vivimos muchas vidas dentro de nuestra vida». Los detalles son cuatro historias dentro de una vida, los recuerdos fragmentados de una narradora en primera persona que evoca los viejos tiempos con «ojo nostálgico para los detalles», como bien señala uno de sus profesores de escritura.
No es un relato estrictamente lineal, cada capítulo retrata su experiencia vital con una persona que marcó su pasado y algunas comparten espacio temporal, aunque no lleguen a coincidir. Con frecuencia, interrumpe sus pensamientos con alguna reflexión que tiene lugar en el presente, pues escribe sus memorias en retrospectiva, con lo que sabe ahora.
Su juventud se resume en trabajos temporales, cursos abandonados y fiestas locas. Una inconsciencia que contrasta con comprensión de las “dimensiones espirituales de la existencia”. Podría decirse que la ambientación es el cambio de milenio, la proximidad de la edad adulta y la visión de la psicología en las últimas décadas. Es intimista, con especial incidencia en la salud mental. Habla de trastornos mentales con una precisión que duele. «Y supongo que esta es la cruz de todos los que sufren ansiedad; que la existencia es, por su propia naturaleza, incontrolable».
Un detalle que no pasa desapercibido es su visión de la madurez. Las experiencias forman parte de ella, somos una construcción de las personas que han significado algo, y en ocasiones la protagonista parece una espectadora de su vida, mientras el entorno talla su alma. El final golpea con fuerza.
«En cierto modo, la vida se renueva cada día, cada segundo, pero visto de otra manera podría decirse que constantemente regreso a los mismos espacios de mi interior».
«La vida me ha brindado más de una dosis completa de magia, y casi siempre ha surgido del encuentro con otras personas. (...) solo podemos encontrar lo que buscamos en los demás».
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