Traducción: Victoria Alonso Blanco | Editorial: Nube de Tinta
SINOPSIS
Max solo tiene 8 años y no es como los demás niños. Él vive para adentro y cuanto menos le molesten, mucho mejor. No le gustan los cambios, las sorpresas, los ruidos, que lo toquen y que le hagan hablar por hablar. Si alguien le preguntara cuándo es más feliz, seguro que diría que jugando con sus legos planeando batallas entre ejércitos enemigos.
Max no tiene amigos, porque nadie lo entiende y todos, hasta los profesores y sus propios padres, quieren que sea de otra manera. Solo me tiene a mí, que soy su amigo desde hace cinco años.
Ahora sé que Max corre peligro y solo yo lo puedo ayudar. El problema es que Max es el único que puede verme y oírme. Tengo mucho miedo por él, pero sobre todo por mí. Los padres de Max dicen que soy un «amigo imaginario». Espero que a estas alturas tengas claro que no soy imaginario.
OPINIÓN PERSONAL
«Max me imaginó a los cuatro años, y así fue como de pronto vine al mundo».
Max no es como los demás niños. Max vive hacia dentro y los demás hacia fuera. Max va a Educación Especial y tiene un amigo imaginario que parece un niño de verdad. Mientras Max crea en su existencia, Budo seguirá vivo. Pero un día, la vida de Max corre peligro.
El narrador en primera persona es el propio Budo, quien describe cómo es el día a día de un niño con un trastorno del espectro autista. En ese sentido, me ha parecido un libro interesante y necesario que visibiliza los problemas que enfrenta a diario, algunas personas no comprenden las necesidades de Max, como por ejemplo, que nadie lo toque o que no hablen con segundas. Su situación también es motivo de discusiones entre sus padres, ya que su padre no lo acepta como es.
Es un libro duro que golpea emocionalmente, protagonizado por un niño autista y un amigo imaginario que no puede hacer nada, solo puede mirar lo que pasa y contárselo a otros amigos imaginarios. No hay mucho misterio y toda la novela se centra en cómo piensa resolver Budo los problemas de su amigo. Quiere ayudarle y en parte por egoísmo, porque Budo no es un narrador del todo altruista y mucha de su ayuda es interesada. Eso me ha gustado especialmente, que los personajes no sean perfectos y tengan un punto realista y cuestionable.
Muestra una realidad complicada y las miserias del mundo, el resto de los amigos imaginarios atraviesan sus propios dramas personales. Toca temas durísimos, como el miedo a la muerte, la enfermedad y los monstruos que parecen buenas personas. No esperaba un relato tan crudo, y además tiene un sentido del humor negro que me ha sorprendido para bien. Tan emotivo que casi acabo llorando.
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