Editorial: Phoebe
SINOPSIS
Año 917. Las continuas batallas contra los musulmanes asolan los nacientes reinos cristianos. Martín Ruiz de Vega, guerrero al servicio del rey Ordoño, decide aspirar a algo más, por mucho que su situación militar le depare suculentas e inesperadas recompensas. Cansado de tanto derramamiento de sangre, solo desea formar una familia y llevar una vida tranquila. Pero la persona elegida por él, la única con quien ansía hacerlo está fuera de su alcance. Jimena de Medina es una doncella tan inocente como hermosa, cuya memoria se ha visto seriamente afectada tras presenciar el asesinato de su padre, ocurrido años atrás. Desde entonces vive protegida por sus hermanos, esperando el momento de cumplir con los designios del rey, que la ha entregado en matrimonio a un poderoso conde castellano.
OPINIÓN PERSONAL
Creo que uno de los puntos más fuertes de la novela son los personajes. Porque todos me han gustado por igual, tanto buenos como malos. Quizá los protagonistas son más clásicos, pero tienen sus propias peculiaridades que los hacen únicos. Jimena es la típica mujer pura e inocente, pero lo compensa con carácter, un detalle que siempre me gusta. Además, no recuerda absolutamente nada de su infancia, traumatizada por la muerte de su padre. Y su pasado se va insinuando a través de breves pesadillas. Por su parte, Martín es uno de los protagonistas más dulces y entrañables que ha parido la novela romántica. Respetuoso, paciente, sincero, cariñoso, leal, apasionado... ¡lo tiene todo! Y su primer encuentro con Jimena es puro fuego y me ha sorprendido.
Pero como digo, los personajes secundarios también me han gustado mucho. El tío de Martín, la compañera de Jimena, los hombres de confianza de su hermano... Todos y cada uno de ellos. Pero también, el malo de turno. Sobre todo, me ha gustado muchísimo la relación que mantiene Odón con su hermanastra Munia. Ya era hora de encontrarme un malo tan carismático.
Durante las primeras páginas, me hice un poco de lío con tanto personaje porque tengo poca memoria y aparecen todos de golpe. Pero, poco a poco, todos tienen la misma relevancia durante el resto de novela. Quizá lo que menos me ha gustado, es ese pequeño toque de ¿fantasía? que al final se queda en nada, aunque todo queda justificado por un desenlace a la altura del mismo.
La prosa de esta autora es bastante amena, así que se lee en un suspiro. La novela está escrita en tercera persona, de modo que conocemos el punto de vista de todos los personajes en todo momento. Además, no se centra en banalidades, no es descriptiva con lo que no tiene que serlo. Pero sin duda, lo mejor de todo, es que su prosa sabe capturar esa complicidad mágica entre los protagonistas. Cuando están cerca, saltan chispas. Y las conversaciones no resultan excesivamente empalagosas, aunque a medida que avanza la novela, se vuelven mucho más cursis para mi gusto. Por cierto, algunas expresiones me parecieron bastante graciosas y me provocaron la risa floja.
Si lees habitualmente novela romántica, estoy casi convencida de que Tiempo de promesas te encantará porque reúne todos los elementos de una buena novela romántica. La historia de amor es bastante dulce, pero también apasionada. Se trata de una novela muy completa, con muchísimas incógnitas que se van resolviendo poco a poco, aunque no se confirman hasta casi el final. La mayoría resultan muy evidentes, pero también hay una sorpresa de última hora que no me esperaba. Por cierto, la elección del título me ha parecido muy acertada.
Sin embargo, aunque la novela iba muy bien encaminada, le ha costado mantener el nivel hasta el final. Cuando llegan a Castromoros, la historia comienza a tener momentos un poco flojos que, además, resultan difíciles de creer. (Por ejemplo, la escena del río.) Por otro lado, el comportamiento de algunos personajes se vuelve casi surrealista, me sorprende la poca importancia que se le concede a ciertas decisiones. Los protagonistas se retractan de sus errores sin disculparse y aquí no ha pasado nada.
Por otro lado, aparecen personajes de relleno que no eran necesarios para desarrollar correctamente la trama principal (hablo de Sol). Por el contrario, habría preferido que le dedicase más páginas a Odón, porque era un antagonista que me fascinaba, pero al final, aparece más bien poquito. Y me he quedado con ganas de que profundizase un poquito más en esa maldad. Es el personaje que más ha llamado mi atención.
Por último, aunque la historia de Jimena y Martín es totalmente cerrada, la novela deja abierta la posibilidad de una segunda parte en la que su hermano Hernán sería el protagonista. Y la verdad, creo que su historia podría llegar a ser muy interesante.
«—Cómo la miras. Cómo te contienes. Cómo le hablas al oído para asegurarte de que no se separe de ti. —Martín iba a replicar, pero Ansur no le dejó—. Esos son los mayores peligros para la doncella. Protégela de ellos».
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