Traducción: Rubén Martín Giráldez | Ilustración de cubierta: Ale+Ale | Editorial: Sexto Piso
SINOPSIS
Una epidemia de insomnio sacude Estados Unidos. Miles de personas mueren tras semanas sin lograr conciliar el sueño; caen rendidas, sumidas en la más absoluta desesperación y devoradas por la locura. Trish Edgewater trabaja como captadora para las Brigadas Duermevela, una organización sin ánimo de lucro que busca donantes de sueño: personas dispuestas a ceder algunas de sus horas de descanso y salvar con sus transfusiones las vidas de unos pocos insomnes. Trish es una captadora ejemplar, cuyo talento solo se explica a través de su biografía: su hermana Dori fue una de las primeras víctimas mortales de la crisis del sueño, y el emotivo relato de su agonía y muerte vuelve el discurso de captación de Trish prácticamente infalible.
Sin embargo, cuando entran en escena la Bebé A, primera donante universal de sueño, y el Donante Y, cuyas transfusiones contaminadas desatan una oleada de pesadillas inhumanas, Trish comienza a cuestionarse los límites éticos de una profesión aparentemente altruista.
Clarividente y perturbadora, Donantes de sueño indaga en valores como la empatía, el compromiso y la abnegación, y en el modo en que llegan a adulterarse en momentos de crisis. Con una imaginación deslumbrante y un estilo preciso y directo, Karen Russell nos transporta a un mundo inquietantemente parecido al nuestro, a una pesadilla que no deja de ser una advertencia.
OPINIÓN PERSONAL
Trish Edgewater colabora como voluntaria en las Brigadas Duermevela, una organización benéfica sin ánimo de lucro que capta donantes de sueño. Su hermana Dori murió hace años, una de las primeras víctimas de la epidemia de insomnio terminal que mantiene en vilo a las Américas. Se desconocen las causas de la enfermedad y lo más parecido a una cura que existe son las máquinas de Gould, un aparato que puede extraer el sueño sano de los donantes e introducirlo en el cuerpo de los insomnes.
Los primeros capítulos parecen un informe con datos técnicos que pretenden explicar el insomnio desde la ciencia, pero todas las teorías son meras suposiciones y nada explica cómo es posible donar las horas de sueño. El descanso se contempla como una simple transfusión de sangre, incluso pueden darse casos de infecciones y solo disponen de una donante universal, que será el epicentro de la trama.
Todo es raro y aburrido, algunas escenas parecían una alucinación producto del insomnio. Me cuesta distinguir el propósito final de la novela, aunque la reflexión sobre los métodos que disponemos para concienciar a la sociedad, las dudas de una Trish cada vez más culpable y la reacción de los donantes me han parecido lo mas interesante. No es una mala historia, los últimos capítulos mejoran la trama, pero le falta desarrollo y sentido común.
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