Diseño de cubierta: Rafael Ricoy | Traducción: Puerto Barruetabeña | Editorial: Kailas
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SINOPSIS
Un inesperado virus mortal acaba con la humanidad tal y como la conocemos: ya no quedan trenes que unan los lugares, ni internet que nos permita conocer el mundo, ni siquiera ciudades en las que vivir, solo quedan asentamientos hostiles al visitante ocasional. En este desolador panorama un pequeño grupo de actores y músicos tienen una iniciativa sorprendente: crear la Sinfonía Viajera, con el fin de mantener vivo un resquicio de humanidad.
Pero en este libro nada es fácil y pronto este rescoldo de civilización también se verá amenazado por un violento profeta. Esta novela va más allá de su argumento y escritura, originales y ambiciosos: nos sumerge en un mundo distinto y nos obliga a reflexionar sobre el presente, sobre lo que tenemos y qué valor le damos. En definitiva, un homenaje inteligente y sobrio a los pequeños placeres de la vida. Un libro difícil de dejar y, más aún, de olvidar.
OPINÓN PERSONAL
«La civilización en el Año Veinte era un archipiélago de pequeñas ciudades.» Veinte años después de una pandemia que acabó con el 99% de la población, la Sinfonía Viajera recorre los pocos asentamientos que han sobrevivido al desmoronamiento, tocando música y representando obras de Shakespeare. Una de sus caravanas luce pintada una frase de Star Trek: “porque la supervivencia es insuficiente”.
Aunque el escenario es un mundo deshabitado y hostil, no centra su relato en la supervivencia de la sociedad ni en los individuos salvajes que viven al margen de ella. Describe la nueva normalidad ampliamente, pero es una historia mucho más cotidiana, con saltos narrativos hacia el pasado que nos muestran quiénes eran los supervivientes antes de que se perdiera todo.
La obra está representada por un puñado de personajes sin demasiada relevancia, destacando cuatro protagonistas que apenas comparten escenario. aunque sus vidas permanecen estrechamente ligadas antes y después de la pandemia. Me arriesgo a decir que el recorrido del cómic que da nombre a la obra es lo más interesante de la novela y el arco de los personajes depende directamente de ello.
Mientras las ciudades se sumen en el caos, los asentamientos sin ley establecen una nueva sociedad y las sectas apocalípticas amenazan el orden restante, conocemos las memorias de Arthur Leander, un actor famoso que falleció la última noche antes de la epidemia y que tiene puntos en común con algunos supervivientes, como por ejemplo Kirsten Raymonde, una de las actrices de la Sinfonía Viajera.
Siento que a la ambientación le han faltado muchos horrores, pero lo compensa con historias personales que podrían tener lugar ahora mismo. Una lectura pausada que transmite incertidumbre y desconexión con el resto del mundo. Reflexiona sobre los “pequeños detalles que conforman una vida” y retrata el aislamiento de las personas que intentan regresar al viejo mundo, quienes se niegan a asumir que la normalidad no va a volver.
Otras obras de la autora: El mar de la tranquilidad
«Si el infierno son los demás, ¿qué es un mundo sin gente? Tal vez pronto la humanidad se apagaría sin más, pero a Kirsten esa idea le producía más tranquilidad que tristeza».
«El infierno es la ausencia de la gente a la que echas de menos».
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