Traducción: Jesús Zulaika Goicoechea | Editorial: Anagrama
SINOPSIS
A primera vista, los jovencitos que estudian en el internado de Hailsham son como cualquier otro grupo de adolescentes. Practican deportes, o tienen clases de arte donde sus profesoras se dedican a estimular su creatividad. Es un mundo hermético, donde los pupilos no tienen otro contacto con el mundo exterior que Madame, como llaman a la mujer que viene a llevarse las obras más interesantes de los adolescentes, quizá para una galería de arte, o un museo. Kathy, Ruth y Tommy fueron pupilos en Hailsham y también fueron un triángulo amoroso. Y ahora, Kathy K. se permite recordar cómo ella y sus amigos, sus amantes, descubrieron poco a poco la verdad. El lector de esta espléndida novela, utopía gótica, irá descubriendo que en Hailsham todo es una representación donde los jóvenes actores no saben que lo son, y tampoco saben que no son más que el secreto terrible de la buena salud de una sociedad.
OPINIÓN PERSONAL
Inglaterra, finales de la década de 1990. Kathy, Ruth y Tommy son alumnos en la escuela de Hailsham, pero no son como cualquier otro niño. Los alumnos de este internado existen para ser donantes. «Se os trajo a este mundo con una finalidad, y vuestro futuro, el de todos vosotros, ha sido decidido de antemano».
La premisa era suficiente para hacerme llorar: niños condenados por una sociedad egoísta que los utiliza como piezas de recambio. Desde pequeños les hacen saber su destino y, aunque evitan un tema de conversación tan incómodo, algunos diálogos giran en torno a las donaciones. Su percepción de las mismas cambia a medida que los niños crecen y maduran, cada vez más conscientes del futuro que les espera.
Pero la mitad de la novela consiste en las relaciones de los alumnos durante sus primeros años de vida, hasta que abandonan el centro a los dieciséis. Los primeros capítulos están dedicados a la inocencia de unos niños que inician juntos una época conflictiva llamada adolescencia. La narradora es la propia Kathy, que comenta lo que ocurrió en el futuro mientras recuerda cómo conoció a Ruth y a Tommy.
Los personajes tienen mucho recorrido y están bien construidos, tanto los niños como algunos custodios. Pero encuentro a Ruth insoportable y no comprendo que nadie siga hablando con una persona tan detestable y manipuladora. Su amistad viene marcada por una especie de riña permanente en la que Ruth pretende que todo el mundo haga su voluntad, con una Kathy subordinada a sus caprichos. Como digo, es un relato coherente y bien hilado, pero no es plato de buen gusto.
Mi problema con la novela comienza cuando los alumnos alcanzan la mayoría de edad. No me parece nada creíble su libertad de movimiento, ¿los "propietarios" se arriesgan a perder su "inversión"? Tampoco comprendo qué finalidad real tiene la figura de los cuidadores. Me ha gustado la importancia que le concede al arte, pero no paraba de hacerme preguntas y, al final, solo dedica un puñado de páginas a la parte más dramática, dejando la sociedad al margen.
No deja de ser una historia de amor adolescente, con una trama rompedora sobre todo para la época, pero no me ha emocionado hasta las lágrimas.
«Tendréis que reconocer que a veces es así como funcionan las cosas en este mundo. Las opiniones de la gente, sus sentimientos, un día van en una dirección, y otro día en otra».
No hay comentarios:
Publicar un comentario