01 junio 2017

Desaparecido | C.L. Taylor

Traducción: Begoña Prats Rojo | Editorial: Duomo


SINOPSIS

Cuando Billy Wilkinson, de 15 años, desaparece en mitad de la noche, su madre, Claire, se culpa a sí misma. No es la única en hacerlo. No hay un solo miembro de su familia que no se sienta culpable, y los Wilkinson están tan acostumbrados a guardar secretos entre ellos que la verdad no empieza a salir a la superficie hasta seis meses después.

Claire está segura de que sus amigos y su familia no tienen nada que ver con la desaparición. El instinto de una madre nunca se equivoca...¿O sí?


OPINIÓN PERSONAL

La historia arranca cuando ya han pasado seis meses desde la desaparición de un menor, con una familia completamente destrozada por la ausencia de buenas noticias, una familia que intenta recomponerse sin perder la esperanza. Sin embargo, poco a poco descubrimos que no es oro todo lo que reluce y que la familia de Claire ya estaba rota mucho antes de que Billy desapareciera.

En palabras de la propia autora “quería escribir una novela sobre una mujer que trataba desesperadamente de mantener unida a su familia, que había escogido permanecer en un matrimonio herido en lugar de romper su hogar, y que ya no conocía los pormenores de la vida de sus hijos”. Y creo que la personalidad de Claire está muy, muy lograda. Se trata de una mujer que, ante todo, es madre y antepone a la familia por encima de cualquier otra cosa. Es la clásica madre capaz de renunciar a su propia felicidad si, a cambio, la familia permanece unida. Siempre está en medio de todas las discusiones porque siente que reconciliar a sus hijos con su marido es su responsabilidad.

Pero eso cambia con la desaparición de su hijo pequeño. Las emociones que ha provocado la ausencia de Billy son cada vez más violentas e impredecibles. Los secretos de la familia comienzan a aflorar a la superficie por primera vez y Claire se ve sometida a tanto estrés que está a punto de perder la poca cordura que le queda. De hecho, su mente se colapsa cada vez que recuerda o es testigo de algún suceso traumático. Su mente se protege a sí misma mediante episodios de amnesia disociativa.

La novela se centra principalmente en el punto de vista de Claire, pero sin olvidarse de construir la psicología del resto de protagonistas. El abanico de personajes es muy amplio y la autora profundiza muchísimo en la personalidad de cada uno, sea relevante o no. Tanto la familia como los amigos, e incluso los conocidos que interpretan un papel secundario; todos esconden una historia personal de lo más interesante. Todos mienten, todos saben más de lo que dicen en relación con la desaparición de Billy. Al final, el lector tampoco sabe en quién puede confiar.

La historia está narrada en primera persona por Claire, aunque de vez en cuando somos testigos de las conversaciones tan íntimas que mantienen un chico y una mujer a través de un chat. La novela tiene un ritmo más bien pausado porque no se trata de una novela policíaca, sino familiar. Por cierto, los capítulos son muy cortitos, así que se lee en un suspiro.

Decir que me ha parecido una novela perfecta, es quedarme corta. El desenlace me ha sorprendido, las relaciones familiares me han emocionado. Pensaba que sería un thriller sobre la búsqueda de un niño desaparecido, pero la autora se centra muchísimo más en el drama familiar y la investigación es una trama secundaria. De hecho, sólo conocemos la poca información que la policía está dispuesta a compartir con la familia, muy de vez en cuando.

No obstante también hay momentos de muchísima tensión e intriga. No he dejado de preguntarme durante toda la novela qué le ha sucedido a Billy, por qué desapareció y quién es el verdadero culpable. La autora introduce tantas pistas falsas que, al final, todos los protagonistas parecen igual de sospechosos. Claire tiene motivos suficientes para desconfiar hasta de su sombra. Y el hecho de que Billy sea un adolescente rebelde solo contribuye a que el número de teorías posibles sea aún mayor. Por cierto ninguna de esas pistas caen en el olvido una vez se descubren las coartadas de los personajes. Al contrario, toda la información que va saliendo a la luz es igual de relevante para el caso.

Finalmente, durante las últimas páginas, la autora cierra una novela ya de por sí brillante, con una reflexión muy emotiva sobre la paternidad. Claire se despide de nosotros con un mensaje optimista y cargado de esperanza.

Si tuviera que ponerle alguna pega a esta magnífica historia, sería la siguiente: la autora describe de forma incorrecta un trastorno mental a propósito, para generar más suspense. Pero es que ella misma explica al final del libro que se ha tomado la libertad de variar un poco la realidad de las personas que padecen amnesia disociativa para que el ritmo de la novela no decaiga en ningún momento. De modo que mi crítica es mínima, porque su decisión me resulta comprensible y acertada.


«De adolescente tus sentimientos son tan colosales, tan poderosos. Es como si fueran una tormenta violenta que te arrastrara de un día al siguiente. Mi mayor miedo es que Mark se diera cuenta de que podía aspirar a algo mejor y me dejase. Me entran ganas de zarandear a mi yo de dieciocho años. Eso no era miedo. Hasta que no tienes hijos no sabes lo que significa verdaderamente el miedo».

«Uno ansía la normalidad después de que suceda algo horrible. Todo el mundo te recuerda lo que has perdido —que es todo—, y a veces tan sólo quieres dejar de pensar en ello».


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